Inaugurado en Asturias el Museo prehistórico de la cueva de Tito Bustillo

Imagen: Falconaumanni en Wikimedia Commons

Uno de los grandes atractivos turísticos de Asturias está en las numerosas e importantes visitas que se pueden hacer a su patrimonio prehistórico: museos, áreas de interpretación, cuevas, abrigos naturales, megalitos… Dentro de este panorama, la localidad de Ribadesella ocupa un lugar privilegiado por dos razones: primero, porque allí se encuentra una de las grutas con pinturas paleolíticas más destacadas del mundo (Tito Bustillo, en realidad varias cavernas conectadas en un mismo macizo, el de Ardines) que incluyen animales de varias especies y el insólito Camarín de las Vulvas (representaciones de órganos sexuales femeninos); y segundo, porque el pasado martes 15 de marzo se inauguró el Museo adjunto que completa a la anterior.

Ha sido un proyecto difícil y polémico en el que se invirtieron varios millones de euros para construir un curioso edificio multicromático que ocupa la antigua cantera de Corcubión, a sólo 250 metros de la cueva. Polémico porque, aunque el diseño corresponde al estudio de arquitectura av62, no se le encargó la dirección de obra y el resultado final, denuncia, difiere demasiado de lo concebido originalmente. Se trata de un largo cubo acristalado de 116 metros de longitud por 16 de altura y 16 de fondo con un total de 4.800 metros cuadrados distribuidos en tres plantas: en la baja están el vestíbulo, la tienda y la biblioteca; en la segunda, las exposiciones permanente y temporales; y en la tercera, la cafetería, con la cubierta en forma de amplia terraza y vistas a la ría.

El contenido del museo, que recoge las piezas arqueológicas halladas en la cueva, se estructura en 7 apartados: Introducción a la Prehistoria, El arte de la caverna, La Prehistoria de Asturias, La cueva de Tito Bustillo, Exposición permanente, Espacio de interpretación de las pinturas y Restitución virtual de la cueva. Este último capítulo será espectacular, la gran baza del centro, al situar al espectador en la gruta, rodeado de los hombres paleolíticos en sus quehaceres cotidianos, mediante hologramas.