El cementerio de Arlington

El cementerio de Arlington

Cuando el famoso general Robert E. Lee, comandante en jefe del Ejército de la Confederación de los Estados del Sur durante la Guerra de Secesión, donó un terreno de su propiedad para que sirviera de cementerio a los caídos en el conflicto, probablemente no se imaginaba que un día todos los soldados veteranos, tanto de ambos bandos como del país ya reunificado, descansarían juntos, incluyendo a los de la Revolución Americana y los de guerras posteriores hasta la últimas, en Irak y Afganistán. Menos aún que el lugar, en Arlington, Virginia, sería una atracción turística que registraría 4 millones de visitas al año y que en la entrada se entregarían mapas al visitante para ayudarle a localizar cada sitio de interés.

Cementerio Arlington

Lo cierto es que actualmente algunos cementerios atraen a la gente por su belleza y las personalidades que están enterrados en ellos. Ocurre en París, Londres, EEUU, Praga… Arlington tiene la característica especial de ser un camposanto militar, algo inconfundible al ver las blancas lápidas, todas iguales y alineadas sobre el césped, como si estuvieran en formación durante la instrucción de un cuartel. Pero eso no impide que también yazcan allí algunos civiles ilustres, como el presidente John Fitgerald Kennedy (que antes combatió contra los japoneses), su mujer Jacqueline y sus hermanos Robert y Edward, el escritor Dashiell Hammett, el actor Lee Marvin o el boxeador Joe Louis (que, por cierto, era negro, lo que sorprendería aún más a Lee). La mayoría de civiles, no obstante, son familiares de militares o ex-militares, de entre los que se puede nombrar a los generales Phillip Sheridan (protagonista de las Guerras Indias en el siglo XIX), John Pershing (I Guerra Mundial), George Patton y Omar Bradley (II Guerra Mundial) y George Marshall (el del famoso plan de recuperación económica para Europa).

Aparte de las tumbas, Arlington tiene varios memoriales que atraen la atención de las cámaras fotográficas: el del Soldado Desconocido, en lo alto de una pequeña colina, que suele estar muy frecuentado a las horas de cambio de guardia; los de los accidentados en las explosiones de los transbordadores espaciales Challenger (1986) y Columbia (2003); los de las víctimas de los atentados del 11-S (el Pentágono está muy cerca) y Lockerbie (aunque fue en Escocia hubo 180 muertos estadounidenses), el dedicado a la batalla de Iwo Jima (la famosa estatua de los marines plantando la bandera) o el mencionado de JFK, ante el que arde una llama eterna. Para los españoles puede resultar interesante el del Maine, dedicado al acorazado (es una cofa rescatada del navío) que se hundió en el puerto de La Habana en 1898 y que sirvió de excusa para guerra hispano-americana. Hay numerosos vuelos a Estados Unidos desde Madrid y Barcelona.

Foto: deathmore