El cementerio de Arlington


Imagen: Mary Bettini Blank en Pixabay

Cuando el famoso general Robert E. Lee, comandante en jefe del Ejército de la Confederación de los Estados del Sur durante la Guerra de Secesión, donó un terreno de su propiedad para que sirviera de cementerio a los caídos en el conflicto, probablemente no se imaginaba que un día todos los soldados veteranos, tanto de ambos bandos como del país ya reunificado, descansarían juntos, incluyendo a los de la Revolución Americana y los de guerras posteriores hasta la últimas, en Irak y Afganistán. Menos aún que el lugar, en Arlington, Virginia, sería una atracción turística que registraría 4 millones de visitas al año y que en la entrada se entregarían mapas al visitante para ayudarle a localizar cada sitio de interés.

Lo cierto es que actualmente algunos cementerios atraen a la gente por su belleza y las personalidades que están enterrados en ellos. Ocurre en París, Londres, EEUU, Praga… Arlington tiene la característica especial de ser un camposanto militar, algo inconfundible al ver las blancas lápidas, todas iguales y alineadas sobre el césped, como si estuvieran en formación durante la instrucción de un cuartel.

Pero eso no impide que también yazcan allí algunos civiles ilustres, como el presidente John Fitgerald Kennedy (que antes combatió contra los japoneses), su mujer Jacqueline y sus hermanos Robert y Edward, el escritor Dashiell Hammett, el actor Lee Marvin o el boxeador Joe Louis (que, por cierto, era negro, lo que sorprendería aún más a Lee). La mayoría de civiles, no obstante, son familiares de militares o ex-militares, de entre los que se puede nombrar a los generales Phillip Sheridan (protagonista de las Guerras Indias en el siglo XIX), John Pershing (I Guerra Mundial), George Patton y Omar Bradley (II Guerra Mundial) y George Marshall (el del famoso plan de recuperación económica para Europa).