Vista aérea/Imagen: Ra Boe en Wikimedia Commons

Después de casi veinte años cerrada por excavaciones arqueológicas y trabajos de restauración acaba de ser abierta en Roma la Casa de las Vestales. Han sido dos décadas de obras gracias a las que se han podido sacar a la luz nuevas estructuras, como los muros más antiguos de la domus, correspondientes a la etapa primigenia de la historia de la ciudad y que se diferencian bastante del resto del edificio -reconstruido tras el célebre incendio del año 64 y con últimas aportaciones del tiempo de Septimio Severo (146-211)- porque están hechos de adobe. El Foro suma, pues una nueva atracción para el turista y el aficionado a la Historia.

Las vestales eran sacerdotisas que se dedicaban al servicio de la diosa Vesta, hija de Saturno y hermana de Júpiter, equivalente de la griega Hestia. Su misión era cuidar que siempre estuviera encendido el fuego sagrado en su honor porque, según la leyenda, Roma duraría lo que se mantuvieran las llamas. Seis eran las elegidas por el pontifex maximus, entre niñas patricias no mayores de diez años, para pasar tres décadas como vestales, aunque al principio eran menos, un lustro. Transcurrido ese tiempo podían reintegrarse a la vida normal, casándose y teniendo descendencia, si era su deseo.

Antes hacían un voto de castidad tan estricto que su vulneración se castigaba con el enterramiento en vida. También era motivo de fuerte sanción dejar que se apagara el fuego sagrado, por razones obvias; en este caso eran latigazos la pena impuesta. Sin embargo la vida no era tan mala para ellas y, de hecho, gozaban de más libertad que las mujeres normales en una sociedad tan machista como la romana, donde el pater familiae era el que mandaba sobre esposa e hijos de forma absoluta: las vestales estaban exentas de esa autoridad, tenían propiedades, derecho a voto y a moverse a su antojo, además de ser intocables por el común de los ciudadanos so pena de muerte.

La institución fue abolida por Teodosio en el año 391 al ser incompatible con el cristianismo. Hoy se puede visitar, parcialmente reconstruido, aquella especie de cenobio rectangular, estructurado en torno a un patio porticado decorado con estatuas, donde aún está la rueda de molino empleada para hacer el pan ofrecido a la diosa durante la ceremonia que abría la época de la cosecha. Se halla entre las vías Sacra y Nova y, enfrente, descuella el inconfundible templo de Vesta, pequeño, de planta circular y rodeado de columnas.

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