400 años de aquelarres en Zugarramurdi

Cueva de Zugarramurdi/Imagen: JMSE en Wikimedia Commons

Aunque en España no sería la época más idónea lo cierto es que se impone la cultura global y el Halloween ya se celebra en todas partes extraoficialmente. Por eso viene que ni pintado recordar aquí los sucesos de 1610 en la localidad navarra de Zugarramurdi, más aún este año en que se celebra el cuarto centenario.

Zugarramurdi es un pequeño pueblo -poco más de 200 habitantes- situado a 83 kilómetros de Pamplona. Sumergido en los frondosos bosques y montañas de los Pirineos, en el siglo XVII aún pervivían costumbres ancestrales relacionadas con el paganismo pre-cristiano como celebrar el solsticio de verano en la Noche de San Juan con una bacanal (fiesta con música y baile en la que se degustaba el ziriko-jate o cordero a la estaca) o recurrir a curanderas que aplicaban remedios tradicionales mezcla de herboristería y superstición para cuidar los males de la gente. Las reuniones festivas se celebraban en una cueva cercana a lo que se llamaba akelarre, que traducido significa el prado del cabrón, por el ganado caprino que solía pastar en él; las curanderas vestían a la manera tradicional, con un peculiar tocado cónico típico de la región; y a todo esto se sumaba las luchas nobiliarias locales entre familias rivales, polarizadas en bandos como los agramontinos y los beaumonteses, favoreciendo delaciones y acusaciones.

Todos estos ingredientes se combinaron para explotar en 1610 con la acusación de reuniones de brujas en la gruta, en las que se aparecería el Diablo en forma de macho cabrío para que los participantes le rendían pleitesía. La Inquisición tomó cartas en el asunto y llevó a cabo centenares de detenciones en las que, como era costumbre, el denunciante permanecía en el anonimato. Sin embargo los inquisidores españoles de la época no creían demasiado en la brujería -les preocupaban más los falsos conversos-, así que liberaron a la mayoría de los arrestados, permaneciendo bajo acusación una cuarentena. El resto fue sometido a tortura y juicio mientras Logroño era la ciudad elegida para el Auto de Fe consiguiente.

En esta ceremonia, auténtico espectáculo popular, fueron condenadas a morir en la hoguera 11 brujas que se negaron a admitir su culpa mientras otras 18 eran reconciliadas, es decir, se les aplicaban sanciones menores por confesar y arrepentirse, volviendo a abrazar el credo cristiano.

Actualmente se puede vivir este ambiente en el Museo de la Brujería construido en un antiguo hospital de Zugarramurdi (c/Behitiko karrika 22). Tras una introducción a la comarca de Xareta (que incluye Ainhoa, Sara, Urdazubi/Urdax y el propio pueblo), la primera planta se dedica al proceso inquisitorial desatado por María Ximilegui, una de las arrepentidas, y la segunda al mundo de los aquelarres, la herboristería y la sociedad matriarcal de la época en la región. Cuesta 4 euros y abre de 11:00 a 18:00 (fines de semana una hora más).

Para completar la visita nada mejor que acercarse hasta la cercana cueva, excavada por la erosión de la caliza que provoca el río Olabidea y cuyas dimensiones (100 metros de largo por 20 de ancho y 30 de alto) permiten la celebración en el interior de representaciones teatrales de aquelarres entre otras actividades del programa para el aniversario.