El Palio de Siena 1

El Palio de Siena

De la misma manera que, por ejemplo, los aficionados taurinos de Madrid esperan con ansia la Feria de San Isidro, los ciudadanos de Siena hacen otro tanto respecto al mes de agosto. Es en esas fechas cuando celebran su famoso Palio, esa carrera hípica con trazado urbano en la que los jinetes visten a la manera medieval y los espectadores ondean vistosas banderas de colores. Y además tiene su propia terminología, como también ocurre con la tauromaquia.

El palio de Siena se corre dos veces al año. El 2 de julio es el Palio di Provenzano en honor a la Virgen homónima, y el 16 el Palio dell’Assunta, por la fiesta de la Asunción y que es el más antiguo, pero ocasionalmente se convocan palios extraordinarios, como ocurrió cuando la unificación italiana o la llegada del Hombre a la Luna. La prueba, que no se publicita ni admite patrocinadores para mantenerse pura, consiste en dar tres vueltas a la bella Piazza del Campo, que conserva un aspecto similar al que tenía hace siglos y que se abarrota para ver el espectáculo, agotándose las plazas de asiento con ocho meses de antelación. Hasta 70.000 espectadores se pueden juntar, cosa significativa si se tiene en cuenta que la ciudad tiene 50.000 habitantes.

Todo empieza con un pintoresco desfile previo en el que, precedidos de abanderados y caballeros de armadura, se exhiben las monturas y el carro donde está instalado el Palio. Es éste un estandarte de seda con asta blanca y negra apoyada en un plato de plata que constituye el único premio, aparte del honor de derrotar a la contrada rival, y el vencedor lo entregará a la iglesia del barrio. Las contradas son asociaciones que representan a dichos barrios y hay 17 pero sólo pueden correr 10, por lo que se establece un sistema de turnos y sorteos. En cuanto se alinean los caballos en la línea de salida empieza la competición. No se usa silla y puede ganar un animal sin jinete si aún porta los colores distintivos en su escarapela. Es poco más de un intenso minuto de febril galope en el que no faltan los accidentes, pese a que se acolchan las curvas, ni la rivalidad entre las contradas.

Aunque hay quien lo retrotrae a tiempos de la Antigua Roma, el origen de esta competición se remonta a los siglos XII y XIII, como método de mantener ocupadas a las milicias ciudadanas, antecesoras de las contradas, cuando no había guerra. Ello demuestra el carácter popular de la carrera, insólito porque solía ser la nobleza la que organizara este tipo de pruebas con caballos. Por supuesto, también existe un origen legendario, al menos para el Palio di Provenzano: en 1555, en plena batalla contra los españoles, un soldado que disparaba su arcabuz contra la talla de la Virgen murió al reventarle el arma, lo que se interpretó como milagro y dio pie a las fiesta. Por cierto, los restos de la imagen aún se pueden ver en la basílica de Provenzano.