Imagen: Cyntia Motta en Wikimedia Commons

El 24 de junio se celebra en muchos sitios la Noche de San Juan. Como es sabido, esta fiesta es una cristianización de lo que en otros tiempos -presumiblemente muy antiguos- era un ritual para saludar la llegada del solsticio de verano, es decir, el día en el que el sol llega a la posición más alta en el cielo. Pero eso ocurre en el hemisferio norte porque en el sur es justo lo contrario.

Esa fecha tan señalada se celebraba en los Andes anteriores a la conquista española con el Inti Raymi, expresión quechua que significa Fiesta del sol. El dios sol, Inti, representado en forma de disco con rayos y rasgos humanos, era fundamental para los pueblos andinos, que basaban su economía en la agricultura y la ceremonia del Inti Raymi constituía el más importante de las cuatro festivales desarrollados en Cuzco por la llegada del solsticio de invierno, que marcaba la mitad del año. Duraba varios días y en él participaban todos los estamentos sociales, desde el inca (rey) hasta el pueblo (cien mil personas) pasando por los guerreros, la clase sacerdotal y la nobleza. Todos rindiendo culto a Inti para asegurar la continuidad del calor de sus rayos y los consiguientes beneficios sobre la salud y las cosechas.

La plaza Aucaypate de Cuzco (actualmente Plaza de Armas) era el escenario inicial a donde llegaba el cortejo real, recibido por sus súbditos en cuclillas (equivalente de antaño a estar de rodillas). El inca brindaba públicamente con una copa de chicha de la que invitaba a beber a su familia, arrojando el sobrante. Luego se trasladaban todos al Coricancha para adorar al sol y regresaban a la plaza, iniciándose los sacrificios de llamas y alpacas; su carne se repartía después de que los adivinos hicieran las profecías sobre el futuro.

En 1572 los españoles consideraron que aquél era un ritual pagano y lo prohibieron pero continúo realizándose de forma más modesta y, claro, encubierta, hasta que en 1944 se decidió recrearlo siguiendo la descripción dejada por el poeta Garcilaso de la Vega. Una hábil iniciativa que hoy atrae a cuarenta mil espectadores locales, necesitados de una dosis de orgullo histórico, y de turistas en busca de un espectáculo pintoresco. Los actores interpretan fielmente sus papeles y hay centenares de extras, todos ataviados con las coloristas indumentarias de época. Todo empieza a las 9:00 en Coricancha. Dos horas después la Plaza Mayor (Aucaypata) acoge la llegada del cortejo real, que viene por la calle Inti K’ijllu. A las 13:30 se dirigen a la Plaza Sagrada de Sacsahuamán, escenario principal, donde hay reunida una impresionante multitud para asistir a los ritos del Fuego, la Coca, las ofrendas de los cuatro Suyos (provincias) y las profecías. En total, noventa minutos acompañados de música, danzas tradicionales e incluso el sacrificio de una alpaca.

Una Empresa Municipal de Festejos se encarga de organizar el evento, ofreciendo asientos cuyos precios oscilan entre 25 y 40 dólares. Si estás pensando en asistir, mejor busca vuelos baratos a Perú.

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