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Empezó la Expo de Shangai 2010



Niños con trajes de todas las regiones de China, centenares de bailarines interpretando danzas étnicas, derroche de fuegos artificiales y pirotecnia variada, rayos láser, los rascacielos iluminados, una flotilla de pequeños barcos arrastrando las banderas de los países participantes, la palabra paz en el cielo mediante efectos especiales, Andrea Boccelli interpretando el Nessum Dorma de la ópera Turandot (ambientada en China), el pianista local Leng Leng, el Soweto Gospel Choir y hasta el actor Jackie Chan cantando.

Ésta fue la macrofiesta de inauguración de la Expo de Shangai 2010 que se montaron los chinos el viernes ante decenas de miles de espectadores en directo y unos mil millones más por televisión. Organizada por el mismo equipo que se encargó de la de los Juegos Olímpicos de Invierno de Vancouver, superó también en grandiosidad no sólo a la de las Olimpiadas sino a cualquiera de las exposiciones universales celebradas hasta la fecha. Un espectáculo megalómano que ha costado, según algunos cálculos, la friolera de 32.000 millones de euros.

Los 189 pabellones se han erigido en una explanada del tamaño de un millar de campos de fútbol que se encuentra en el Bund, un malecón del río Huangpu, el mismo que separa la ciudad moderna del casco antiguo, y de donde se desalojó a miles de familias para construirlos, según una denuncia de Amnistía Internacional. Quizá por eso apenas hubo representantes internacionales de primer nivel: Sarkozy, que se apunta a todo, y poco más.

En cambio, a lo largo de los seis meses que el evento permanecerá abierto (hasta el 31 de octubre) se esperan 70 millones de visitantes, 400.000 cada día. Tendrán que pagar 160 yens para entrar, unos 17,4 euros. A los españoles les interesará especialmente el pabellón español, al que los chinos llaman la Canasta porque está cubierto por 8.524 placas de mimbre asemejando un cesto. Es obra de Benedetta Tagliabue y está considerado de los más interesantes en todos los aspectos: el arquitectónico, por supuesto, pero también por su oferta de actividades, entre las que sobresalen jornadas gastronómicas (no falta el jamón, claro), exposiciones de pintura, exhibiciones de cine patrio (Bigas Luna, Isabel Coixet, Basilio Martín Patino) e incluso muestras arqueológicas de Atapuerca.

No obstante también destacan los pabellones de México, China, Israel, Dinamarca, Inglaterra, Canadá, Polonia, Brasil y Macao; este último se llevo el premio por su graciosa forma de conejo gigante. Iremos viéndolos aquí poco a poco.