Cuando Londres vendió su puente


En 1831 el ingeniero John Rennie inició la construcción del Puente de Londres, terminada por su hijo del mismo nombre. El puente conectaba la ciudad de Londres con Southwark, y no hay que confundirlo con otro puente diseñado por él mismo en 1819 y que se hallaba situado en el lugar que hoy ocupa el Puente de Southwark.

En 1962 el Puente de Londres devino insuficiente estructuralmente para soportar todo el tráfico moderno de vehículos que circulaba diariamente a través de él, así que hubo que buscar alternativas. Al final se decidió construir un nuevo puente sobre el Támesis, no sin antes sacar partido a la preciosa estructura existente. La ciudad de Londres tuvo la suerte de que apareciera un acaudalado norteamericano dispuesto a comprar el puente y llevárselo a los Estados Unidos. Dicho y hecho. En 1967 el Puente de Londres fue desmantelado en bloques numerados y embarcado con rumbo a Ámerica, adquirido por Robert P. McCulloch, presidente de la McCulloch Oil Corporation por dos millones cuatrocientos mil dólares.

El puente fue reconstruido en Lake Havasu City (Arizona), donde hasta hoy día sirve como reclamo turístico. Se levantó sobre tierra firme, luego se inundó la zona con la creación de un canal, dando lugar a una isla conectada con la city por medio del puente. No obstante, la reconstrucción no empleó todos los bloques originales, por lo que no puede decirse que el actual sea el puente original, sino más bien una réplica.

En Google Maps pueden ver la situación exacta del Puente de Londres.

El puente estuvo finalizado para el 10 de octubre de 1971, cuando se inauguró con una solemne ceremonia a la que asistió el alcalde de Londres. En la isla resultante estaba el aeropuerto de Lake Havasu, al que McCulloch subvencionó vuelos gratuitos hasta 1978, como parte de su campaña para atraer inversores a la ciudad.

Cuentan las malas lenguas que el señor McCulloch creyó estar comprando otro puente mucho más importante y famoso, el de la Torre de Londres. Posiblemente la campaña de venta emprendida por la ciudad británica tuvo mucho que ver en la equivocación. Aunque desde luego, los ingleses afirman que la venta fue totalmente honesta.