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La verdad climática


Si en un festival tan repleto de glamour, comercio y exhibición carnal como el de Cannes las películas que han llamado más la atención son las relacionadas con el medio ambiente, la polución y el ritmo de vida desquiciado que llevamos es que o el mundo se ha vuelto del revés o que la cosa está muy mal.

Una de las películas (fuera de concurso) que más impacto ha causado este año es An Inconvenient Truth dirigida por Davis Guggenheim. Se trata de un documental acerca del calentamiento global y de su impacto sobre la deforestación y el deshielo de los glaciares y las consecuencias que ello traerá. Nada buenas, claro.

La edición del mes de mayo de Wired habla de ello en un interesante artículo sobre los Neo-green cuyo representante político parece ser el candidato demócrata de 2000 (y más votado por los norteamericanos) Al Gore, que se presentó en el Festival de Cannes para promocionar el film. Esta nueva visión ecologista y social de Gore es síntoma de la preocupación que en muchos sectores de la sociedad estadounidense y occidental supone el problema de la contaminación del planeta y la destrucción del medioambiente.

En Holanda, un país del cual buena parte de su superficie está construida bajo el nivel del mar, la actuación del gobierno para frenar las inundaciones era construir más diques o reforzar las existentes. Este año por primera vez se decide retirar tierra ganada al mar como precaución.

Y qué decir de Londres donde se padece la peor sequía de los últimos tiempos (tal que desde la oficina del alcalde se recomienda no tirar demasiado de la cadena para aguas menores, verídico) y donde se estudia como solución traer un iceberg desde el polo y remontarlo a través del Támesis.

Todo esto y más se trata en el libro Field Notes From a Catastrophe de Elizabeth Kolbert, periodista del New York Times, recibido con las mejores críticas en Estados Unidos y donde los hechos, las cifras y las fechas presentan un panorama más que sombrío para el día de mañana, mostrando como la degradación de los recursos naturales y la esquilmación de las reservas de la biosfera acabarán en pocos decenios con el planeta.

Tal vez se trate de un empeño de lavar conciencias o tal vez sea otra de las modas que han llegado con el cuidado personal, el feng-shui, el crecimiento sostenible o la comida orgánica, la vuelta a la naturaleza, algo de cara a la galería nada más (porque nadie deja el coche en casa, es más se compran 4×4 y cada vez se viaja más en avión, a la India por ejemplo), algo cool y sexy, pero a este ritmo sólo se llegará tarde o temprano a la destrucción, que ese es el destino natural de nuestra civilización. Y como decían Einsturzende Neubaten, Silence is sexy. Enjoy the silence.