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Ronald Mallett y los 4400


Casi por casualidad me he encontrado con el científico Ronald Mallett en la red y su, creo que famoso, proyecto de construir una máquina del tiempo. Aunque al principio me pareció extraño, resulta que el tal científico es real y serio, trabaja en la Universidad de Connecticut y al parecer lleva mucho tiempo desarrollando dicha máquina basada en las teorías de Einstein. Asimismo es miembro de la American Physical Society y de la National Society of Black Physicists. Con lo cual hay que tomarle bastante en serio.

Hay que tomarle en serio porque a final de cuentas el viaje en el tiempo es uno de los temas más apasionantes y subyugantes con que podemos toparnos. Tiene todos los ingredientes para resultar atractivo tanto a niños como a mayores, intelectuales y obreros, etc. etc. Esos ingredientes son: el misterio, la posibilidad de ser o no reales, los detalles técnicos y físicos, y la fantasía. Así que la idea de fabricar la máquina del profesor Mallett es un poco el final de ese misterio y esa fantasía.

Esto viene a cuento por la serie Los 4400, cuya primera temporada está emitiendo el canal Calle 13 estos días. Lo que empezó con muchas esperanzas no terminó de convencer a nadie.

(atención, a partir de aquí hay spoilers)

Y es que lo que en un principio parecía que iba a ser el típico argumento de abducidos por extraterrestres se ha convertido en una historia de abducidos-sin-extraterrestres por obra y gracia de los viajes en el tiempo. Los abductores ya no son extraños seres de allende las estrellas sino humanos de un futuro próximo que se llevan personas seleccionadas con el fin de reinsertarlas en la línea del tiempo y cambiar así el futuro.

Los guionistas han querido ser originales mezclando dos de los temas más recurrentes y tradicionales de la ciencia-ficción: la posibilidad de vida extraterrestre y los viajes en el tiempo, y no han acertado en la resolución.

Qué curioso, cuanto más real se vuelve una cosa, menos interés tiene. Despojada del misterio de los hombrecillos verdes, lo único que le queda a la miniserie es la máquina del tiempo de Ronald Mallett. Y esto es bien poco cuando se nos había prometido tanto.