El hombre que gritó ¡judas!

Anécdota nº 1 de las más conocidas del mundo del rock: el significado de la canción Lucy in the Sky with Diamonds de los Beatles. Aunque muchos dedujeron que John Lennon, su autor, se refería a la LSD por las iniciales de cada una de las palabras principales del título, parece ser que en realidad se trataba de algo mucho más, digamos, mundano: un día su hijo Julian le enseñó un dibujo en el que se veía precisamente a una niña en el cielo con diamantes. Cuando Lennon le preguntó quién era, el niño le contestó que se trataba de Lucy, su compañera de colegio. Es difícil saber si realmente fue así, pero lo cierto es que, en efecto el pequeño Julian Lennon iba a la escuela con una niña que se llamaba Lucy Richardson, de quien recientemente hemos conocido detalles de su vida, como que contaba 4 años cuando fue el motivo de inspiración de la mencionada canción y que trabajó como directora artística dentro de la industria cinematográfica. Lo sabemos porque acaba de fallecer a los 47 años víctima de un cáncer, que padecía desde hacía dos años, y numerosos medios de comunicación se han hecho eco de la noticia. Además, parece ser que en su tumba han puesto cristales de colores recordando los diamantes que, en aquel dibujo, el pequeño Julian imaginaba estarían en el cielo con Lucy.

Anécdota nº 2 de las más conocidas del mundo del rock: un tío grita ¡Judas! en un concierto a Bob Dylan. Al parecer, su respuesta fue «I don’t believe you, you are a liar«. A continuación se dirigió a su banda de acompañamiento The Hawks, los mismos que luego se llamarían The Band, y les dijo «Play fucking loud!» antes de atacar una versión, por supuesto eléctrica, de Like a Rolling Stone.

Durante mucho tiempo pensé si se sabía algo de ésta persona y al volver a la actualidad el caso de Lucy Richardson recordé el conocido suceso dylaniano y volví a preguntarme qué fue de aquel tipo. ¿Alguien averiguó quién fue el mencionado gritón y si aún vive o no?. ¿Era un fanático o un tío que estaba bebido?. O había fumado marihuana: ¿realmente el origen de su improperio se debió únicamente a su indignación porque Dylan se había “vendido” al rock, o también había contribuido a ello los efectos de la mandanga?. ¿O es que estaba con una chica que abominaba de ese giro que Zimmerman estaba dando a su estilo y el hombre la quería impresionar?. O era un tipo corriente, de los que nunca llaman la atención, pero que sencillamente tuvo un arrebato en aquel concierto. Quizás fuera alguien con inclinaciones antisemitas que, en ese momento, veía a Dylan como un judío que había traicionado la pureza del folk a cambio de ingresar muchos más dólares en su cuenta corriente: “si es que los judíos siempre han sido unos usureros capaces de vender hasta al hijo del Señor por un puñado de monedas”, quizás pensó aquel tipo. Vale, reconozcamos que tal teoría está muy traída por los pelos, pero lo cierto es que, como en bob dylan minoic se ha podido comprobar, según busquemos su página web en Google escribiendo “Bob Dylan” o solamente “Bob”, el sitio en Internet del de Duluth pasa de ser una website a secas a la website de un “artista judío”.

También pensé que muy probablemente, ya sea en público o en privado, por algún afán de protagonismo muchas personas que asistieron a ese concierto se hayan autoproclamado responsables del insulto. Y claro, a ver cómo sabemos cuál de ellos dice la verdad….
Lo cierto es que para enterarme del tema comienzo a navegar por Internet y consigo averiguar que el (in)famous grito siempre se había atribuido a un tipo llamado Keith Butler, canadiense que falleció en 2002. Hasta ahí bien, pero el tema es que recientemente y como resultado de las investigaciones del locutor británico Andy Kershaw, a quién siempre le había intrigado esta cuestión, se llega a la conclusión de que el responsable fue realmente un joven estudiante de derecho llamado John Cordwell.

También hay otra circunstancia que me tiene intrigado. Durante mucho tiempo se consideró que el hecho había ocurrido durante un concierto en el Royal Albert Hall de Londres – de hecho sigue habiendo muchas páginas en Internet donde ofrecen ese dato como cierto – pero parece ser que, en realidad, ocurrió en otra actuación que Mr. Zimmerman ofreció en el Free Trade Hall de Manchester. Pero el volumen 4 de la colección Bootleg Series que, se supone, contiene íntegro el concierto en el que tuvo lugar la dichosa anécdota, se titula The “Royal Albert Hall” Concert. Aunque quizás con lo de las comillas quieran decir que es el disco “en el que llaman Judas a Bob Dylan y que siempre se consideró que fue en ese lugar”. En 1998 se editó oficialmente este concierto y hasta entonces había circulado en el mercado como un disco pirata. En la grabación parece que se oye el famoso grito y la respuesta de Dylan, pero compruebo que en algunas páginas se cuestiona la autenticidad de esas palabras, al compararlo con las copias piratas que hasta ahora existían. Con lo cual, llegados a este punto la confusión ya es total.

Ciertamente resulta muy tentadora la idea de pensar que todo esto no es más que un mito, y que en realidad nunca nadie le gritó nada a Dylan en aquel concierto. Ni en Manchester ni en el Royal Albert Hall. Y que Dylan tampoco contestó nada de lo que se le atribuye. Aún así no quiero que me pase como lo que en un relato de J.G. Ballard le ocurría al director de una prisión: al buen hombre le informan de que acaba de desaparecer un interno. Enseguida se empieza a investigar el asunto pero no hay manera de saber qué ha podido pasar con aquel preso, si se ha escapado o le ha ocurrido algo. Nadie es capaz de decir con certeza cuándo le ha visto por última vez, ninguno de sus subordinados está seguro siquiera de su aspecto y, al final, el director llega a la conclusión de que nadie ha desaparecido. Sencillamente aquel tipo nunca ha existido y el hecho de que su nombre figurase en los diferentes archivos del centro se debe a un cúmulo de casualidades. Finalmente elabora toda una compleja teoría sobre el porqué de lo sucedido, exponiéndola brillantemente ante un comité: y es en ese momento cuando un empleado entra en la sala informando al director de que hay un familiar del desaparecido que ha venido a visitarle y que pregunta dónde está.

Así que lo mejor es ser prudente al respecto, no vaya a ocurrirme que el día menos pensado resulte probado de manera fehaciente que de verdad hubo un tipo (Butler o Cordwell, en Londres, en Manchester o en Getafe, quien fuera y donde fuera) que allá por 1966 le gritó en medio de un concierto ¡Judas! a Bob Dylan.