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Lo real y lo imaginario: Jarecki y Gondry


En fechas recientes el que suscribe ha tenido la oportunidad de ver dos películas estrenadas el pasado año y ahora editadas ambas en DVD, de esas que merecen la pena ser rescatadas del anonimato, dada la escasa atención que se les prestó en el momento de su estreno.
El documental Capturing the Friedmans, ópera prima de Andrew Jarecki, narra cómo una típica familia norteamericana de clase media se ve sacudida por la investigación, juicio y posterior encarcelamiento de dos de sus miembros – el padre y el menor de los tres hijos varones –, que son condenados por abusos sexuales a menores.

 

Eternal Sunshine of the Spotless Mind fue estrenada en España con el poco apropiado título de ¡Olvídate de mí!, y tiene como dúo protagonista a Kate Winslet, y a Jim Carrey (que en esta ocasión, por suerte, no hace de Jim Carrey, como suele ser habitual en él). Está dirigida por Michel Gondry, realizador francés de numerosos videoclips de culto, que debutó en la pantalla grande con Human Nature, film que no obtuvo ni éxito de público ni buenas críticas. ¡Olvídate de mí! gira en torno a los intentos de la pareja protagonista por superar su ruptura, acudiendo a un doctor especializado en, literalmente, borrar de la memoria la existencia de personas a quienes se pretende olvidar.
Las dos películas, muy diferentes entre sí, tienen en común un aspecto, aparte de ser films excelentes, especialmente Olvídate de mí: unos guiones bastante meritorios – precisamente el film de Gondry ganó el Oscar en este apartado –, construidos a partir de materiales bastante complejos y, al menos para un profano en esto de elaborar guiones, difíciles de “ensamblar” sin que chirríen.
En el caso de Capturing the Friedmans su director no se limita a hacer un simple reportaje tipo Informe Semanal – que, dicho sea de paso, no suelen estar nada mal, dada la modestia de sus objetivos –. Un hecho fundamental, e insólito, es que Jarecki tuvo la oportunidad de disponer de abundantes grabaciones caseras sobre la realidad cotidiana de la familia Friedman que los propios miembros de la familia solían realizar ya desde los comienzos del matrimonio y que incluso después de que surgiera el escándalo siguieron llevando a cabo, las cuales son intercaladas con numerosas entrevistas a casi todos los miembros de los Friedman que aún viven  y  en general, a numerosas personas que tuvieron alguna relación con el caso: agentes de policía, abogados y especialistas de toda índole, etc. Incluso algunas de las propias víctimas. Andrew Jarecki consigue realizar algo que podíamos definir como un “Reality Show, pero en sentido positivo y sin caer en el morbo fácil”. Conceptos como sensacionalismo o amarillismo no dependen tanto del hecho en sí de mostrar la intimidad de las personas como de la manera en que tales hechos se muestren. Y eso lo podemos apreciar no sólo en un género como el documental que nos muestra (o al menos en teoría intenta mostrarnos) la realidad, sino también en el mundo de la ficción cinematográfica. Por poner un ejemplo bastante evidente, el ya fallecido realizador francés Louis Malle lograba un excelente melodrama con Herida (Damage, 199?) cuya trama argumental no se diferenciaba demasiado de la de cualquier vulgar culebrón televisivo de sobremesa.
En el caso de ¡Olvídate de mí!, resulta sorprendente como Gondry consigue que en ningún momento resulte confusa un historia con constantes saltos temporales, en la que a menudo lo que vemos son en realidad recuerdos que están siendo continuamente alterados. Pero la mejor manera de poder explicar las sensaciones que provoca el film de Gondry es que no se me ocurre ninguna otra película que hubiera hecho disfrutar más, si aún viviera, a Jorge Luís Borges. Después de haber visto la película, quienes conozcan los relatos del escritor argentino entenderán perfectamente a lo que me refiero. Hay que recordar además que el autor del guión es Charlie Kaufman, especialista en crear historias donde lo real se confunde (en el significado que de esta palabra encontramos en el diccionario de la RAE en sus dos principales acepciones) con lo imaginario: Adaptation.,El ladrón de orquídeas o Como ser John Malkovich.
Una cuestión respecto de las ediciones en DVD, al menos a las que un servidor ha tenido acceso. Mientras que en ¡Olvídate de mí!  no hay ni un solo extra – ¡ni unas miserables filmografías! – en Capturing the Friedmans dichos extras duran casi tanto como la propia película y nos ofrecen mucha información para así poder conocer, por ejemplo, las motivaciones del director (se incluye una reveladora entrevista al mismo), o cómo surgió la idea de rodar la película. Jarecki preparaba un documental sobre los payasos que animan las fiestas de cumpleaños en Nueva York (!), cuando precisamente el más afamado y prestigioso de ellos – que, casualmente, resulta ser el hijo mayor de la familia Friedman – sacó a relucir su pasado familiar (de hecho, el corto documental que finalmente se realizó a propósito de este tema, Just a Clown, se incluye también como extra). Además de, como es habitual, escenas eliminadas del montaje final para aligerar la duración, y que ayudan a completar (y comprender mejor) muchas cuestiones planteadas en el film.
Por último, una curiosa coincidencia: Capturing the Friedmans fue estrenado más o menos en las mismas fechas que otro documental realizado en España, De Nens, dirigido por el veterano Joaquim Jordá y que suponía una aproximación al famoso escándalo de abusos a menores del barrio del Raval en Barcelona, tomando como base el punto de vista desarrollado por Arcadi Espada, responsable de uno de mis blogs favoritos, en su libro Raval. Del amor a los niños.