Libia ha ratificado la sentencia de muerte emitida en 2004 para las cinco enfermeras búlgaras y el médico palestino acusado de haber inoculado el virus del SIDA a 400 niños libios de manera deliberada.
Aparte de que rechazamos totalmente la pena de muerte, lo peor de todo es que siempre nos quedará la duda de si son culpables o no.
A mi me cuesta mucho creer que unas enfermeras sean capaces de una atrocidad como esta de la que se las acusa. Las autoridades búlgaras sostienen que los niños se infectaron por culpa de la falta de higiene y sanidad en el hospital libio donde se les atendió. Lo cual viene a significar más o menos que el delito sería en todo caso de negligencia, compartido con las autoridades sanitarias libias.
Pero claro, Libia se lava las manos. Y no es para menos, porque admitir tamaña fechoría dejaría al país a la altura del estiercol. Es mejor acusar a quien trataba de ayudar.
¿Qué piensan ustedes?
[Vía El País]


Comentarios