¿Como hubieran sonado Simon&Garfunkel si hubieran nacido (musicalmente hablando) en los 90? Pues la respuesta es Bishop Allen, por lo menos en lo que se refiere a su segundo álbum The Broken String, una de las joyas de este año que ya casi termina. Su anterior trabajo queda ya un poco lejos (2003) y confieso que todavía no he tenido ocasión de escucharlo.
Otros les encontrarán influencias y parecidos más modernos, que evidentemente los tienen, pero estoy seguro de que aquellos que como yo pasan de los 30 sabrán distinguir entre los coros, la percusión sinfónica y el pop infectado y en ocasiones enrarecido de The Broken String algo bastante familiar.
Y poco más hay que decir de este disco, que se disfruta de principio a fin con una extraña sensación nerviosa, pasando por diferentes estados de ánimo, entre arreglos raros e instrumentos poco convencionales.







Excelente y práctico