El caso del espía francés enamorado de una cantante china que resultó ser un hombre

Publicado hace 1 mes -


¿Es posible que un hombre se enamore de una mujer que en realidad es, a su vez, un hombre? Si, por supuesto pero ¿y mantener relaciones íntimas con él/ella sin percatarse?

Parece un poco más difícil, aunque siempre es posible cierto grado extremo de atolondramiento. Ahora bien ¿y si la pareja en cuestión dice que está embarazada y se aprecia el aumento de volumen del vientre? La cosa se va complicando.

No obstante, el culmen del despiste sería tener un hijo que luego resulta que no salió del vientre de la madre porque de facto es físicamente imposible… Todo este lío que parece un vodevil barato, ocurrió realmente y se convirtió en la sensación del momento en la Francia de mediados de los años ochenta.

Situémonos en 1983, una fecha lo suficientemente cercana como para recordar que hasta dos años después, con la caída del Muro de Berlín, el mundo estaba sumido en la Guerra Fría y el espionaje entre los dos grandes bloques era una realidad cotidiana.

En tal contexto, la Audiencia de París acababa de abrir un proceso contra Bernard Boursicot, un diplomático francés al que se le atribuía la entrega de cientos de documentos clasificados a China a lo largo del último lustro.

Lo que nadie imaginaba era la motivación de fondo que el acusado tenía para sus actos y menos aún la sorpresa que salió a la luz en el juicio, haciendo que más de uno se pellizcase para asegurarse de que había oído bien: Boursicot era chantajeado por los servicios secretos chinos con no permitirle volver a ver al hijo que había tenido con una cantante de esa nacionalidad. Sólo que, en lo que en principio pasaba por ser una clásica historia de espías, nada era como parecía.

Bernard Boursicot nació en la localidad de Vannes, región de la Baja Bretaña, el 12 de agosto de 1944. Desde joven tuvo experiencias homosexuales que vio favorecidas al pasar buena parte de su infancia en internados, aunque luego declararía que por entonces pensaba que esas prácticas no pasaban de ser meros ritos iniciáticos de los internos.

Por eso en 1964, con apenas veinte años de edad, cuando ingresó en el cuerpo diplomático galo y fue destinado a la embajada francesa en Pekín como administrativo, no tuvo problema en enamorarse de una mujer con la que coincidió durante una recepción oficial en la legación.

Ella se llamaba Shi Pei Pu, tenía seis años más que él y era una artista local, una cantante del coro de la Ópera de Pekín que además daba clases de mandarín a los diplomáticos extranjeros. Ambos se enamoraron e iniciaron una relación sentimental.

Shi Pei Pu con vestuario artístico/Foto: Time

En 1965 Shi Pei le dijo que se había quedado embarazada y unos meses después nacía un bebé al que bautizaron Shi Du Du, si bien él le llamaba Bertrand. No pudo verle hasta que cumplió cuatro años por motivos de trabajo y porque ella dijo que lo había enviado a otra ciudad para protegerlo.

Esto se debía a que en 1966 se desató la Revolución Cultural, un astuto movimiento organizado por Mao para deshacerse del ala menos afecta del partido, con el argumento de que se alejaban de los ideales revolucionarios, y recuperar el poder del que le habían apartado tras el fracaso económico y social del Gran Salto Adelante, quedando el país envuelto en una ola de inestabilidad y desorden.

Así, a lo largo de los años siguientes, ese niño quedó como vínculo principal entre ambos, ya que sus vidas se separaron física y afectivamente; especialmente en este último apartado porque Boursicot retomó sus escarceos iniciales con el sexo masculino con otro ciudadano francés llamado Thierry.

En medio de la tensa situación, que se prolongó hasta 1977, Bousicot logró un destino en la embajada de Ulan Bator (Mongolia) desde donde esperaba poder entrar en China para visitar a su familia. Pero se encontró con dificultades: puesto en contacto con un funcionario llamado Kang Sheng para gestionar su permiso de entrada, resultó que éste pertenecía a los servicios de inteligencia chinos y le exigió que les pasara información.

Él se negó inicialmente pero el otro le advirtió de que si no colaboraba no podría volver al país ni ver nunca más a su vástago; al parecer, también amenazó con la vida de Shei Pei. El francés cedió y empezó a facilitar documentos; durante un lustro, se calcula, entregaría cientos.

Sin embargo, a pesar de la colaboración siguió sin tener acceso y, sorprendentemente, en 1979 Kang Sheng le eximió de su actividad. Como tuvo que regresar a Francia, perdió el contacto hasta tres años más tarde, en que por fin logró sacar a Shi Pei y Shi Du Du, este último ya un adolescente y obtener permisos de residencia para ellos.

En 1983 los servicios de contraespionaje galos, que habían detectado sus actividades y hecho el correspondiente seguimiento, procedieron a su detención. El juicio se convirtió en una especie de show entre cómico y patético por las revelaciones que fueron haciéndose públicas; la primera, que la mayor parte de los documentos entregados a los chinos carecían de valor real y muchos eran meros contratos comerciales intrascendentes, como el que encargaba la instalación de una fuente en la embajada o una factura de exportación de quesos a China. Quedaba patente por qué habían prescindido de sus servicios como espía.

Cartel propagandístico de la Revolución Cultural China

No obstante, el momento álgido del proceso llegó cuando la fiscalía desveló que Shi Pei no era una mujer y consideraba que había seducido deliberadamente a Boursicot para conseguir información de la embajada. Resultó que, en realidad, la cantante sólo interpretaba papeles femeninos en la ópera pero era un hombre a todos los efectos, contando con sus correspondientes atributos; eso sí, con la capacidad, según una teoría de algunos investigadores del tema, de retraerlos de manera que visualmente asemejen genitales femeninos e incluso fueran susceptibles de penetración superficial.

De hecho, Boursicot se negó a aceptarlo hasta que se demostró con pruebas médicas; alegaba haber mantenido relaciones sexuales con Shi Pei y cuando los jueces le preguntaron si no se había percatado del engaño respondió que siempre había sido a oscuras y deprisa.

Shi Pei, que también estaba procesada, explicó la misma historia que le había narrado a Boursicot en su día: que siempre se había sentido mujer pero tuvo que vivir como un hombre para no desairar a sus padres, que eran uigures tradicionales, hasta que con el estallido de la Revolución Cultural el gobierno chino la obligó a hormonarse para conseguir su masculinización.

Examinada por un equipo de psiquiatras, se determinó que estaba mentalmente sana y equilibrada, contando con gran sensibilidad y además nada sospechosa de ignorante, pues tenía buena formación académica, licenciada en Literatura; es más, admitió que el primer relato que refirió a Boursicot se parecía sospechosamente al de la ópera de Puccini Madame Butterfly y, de hecho, en 1993 el director canadiense David Cronenberg estrenó una película sobre este affaire que adaptaba la obra de teatro de David Henry Hwang titulada M Butterfly.

Las ambiguas declaraciones de Shi Pei no gustaron a los jueces, que pensaron que intentaba tomarles el pelo; especialmente cuando salió el inevitable tema del hijo. Porque su versión de cómo lo había concebido sonaba bastante poco creíble: recogiendo el esperma de Boursicot para luego someterse a una inseminación artificial.

Los médicos demostraron que eso era imposible y al final admitió que había simulado el embarazo y que el niño fue comprado en una clínica de Xinjiang. Todas estas revelaciones hundieron psicológicamente a Boursicot que, humillado intentó suicidarse en su propia celda cortándose la garganta.

No lo consiguió y en la primavera de 1986 se dictaba sentencia: condena a seis años de prisión para él y Shi Pei por espionaje contra la República Francesa. El tribunal había sido bastante indulgente porque la fiscalía solicitaba veinte años por traición.

Lo cierto es que cumplieron una parte muy pequeña de la pena porque Miterrand les otorgó un indulto en 1987 para limar asperezas con China. Cada uno siguió su propio camino: Shi Pei se quedó en París cantando en locales, Boursicot continuó su relación con Thierry y Shi Du Du fundó su propia familia; no volvió a contactar con su padre hasta 2009, año en que falleció Shi Pei.

Fuentes: Historical dictionary of sexpionage (Nigel West)/Foreigners under Mao. Western Lives in China, 1949–1976 (Beverley Hooper)/The Woman Who Pretended to Be Who She Was. Myths of Self-Imitation (Wendy Doniger)/Thinker, Failure, Soldier, Jailer: An Anthology of Great Lives in 365 Days (Harry Quetteville)/Wikipedia.

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