Charles Joseph Coward, el sargento inglés que contradecía su apellido salvando judíos en Auschwitz

Publicado hace 3 meses -


En 1962 el actor Dirk Bogarde protagonizó una película titulada The password is courage (La contraseña es valor).

El argumento es sorprendente: durante la Segunda Guerra Mundial, un sargento británico es capturado por los alemanes y, dada su obstinada y extraordinaria habilidad para fugarse una y otra vez, es enviado a un campo de concentración vecino de Auschwitz.

Allí no se contentará con seguir intentando huidas sino que ayudará en el mismo empeño a varios judíos. Lo realmente curioso es que todo está basado en un personaje auténtico que hizo un cameo en el film y cuyo apellido no concordaba con su experiencia: el sargento mayor Charles Joseph Coward.

Coward nació en 1905 pero su entrada en la Historia se produjo en 1937 al alistarse en las fuerzas armadas británicas y, más concretamente, en mayo de 1940, durante la llamada Batalla de Francia, en la que el ejército alemán, en una brillante puesta en práctica del Plan Manstein, entró en el país galo por las Ardenas sin que las defensas previstas fueran capaces de detenerlo.

En ese contexto, Churchill ordenó la Operación Dinamo, la evacuación del BEF (British Expeditionary Force), que se llevó a cabo en Dunkerque porque allí estaba la mayor playa de Europa. Pero, para entonces, Coward, que formaba parte del 8º Regimiento de Artillería Real, ya había caído en poder del enemigo en Calais.

Cartel de la película The password is courage/Imagen: Dominio publico en Wikimedia Commons

Sus aventuras empezaron pronto, pues ya durante su traslado intentó escapar un par de veces infructuosamente. Sólo fue el inicio de una larga y empecinada serie en la que sumó siete intentos más mientras le iban cambiando de un campo de prisioneros a otro.

Algunos de esos intentos fueron tan rocambolescos, que hay que descubrirse ante la imaginación y la osadía del sargento, siendo su episodio más inaudito aquel en el que consiguió hacerse con un uniforme alemán y se hizo pasar por un soldado herido -hablaba perfectamente ese idioma-, aunque esa misma audacia arruinó su plan al ser ingresado en un hospital de campaña, lo divertido del caso fue que ¡le concedieron la Cruz de Hierro!

Coward, que no se contentaba con intentar fugarse sino que procuraba sabotear en todo lo que podía, se convirtió en una molestia considerable para sus captores y en diciembre de 1943 le enviaron al sur de Polonia, al campo de trabajo de Monowitz, uno de los tres principales que componían el complejo de Auschwitz y caracterizado por sus instalaciones fabriles de la empresa IG Farben que producían caucho sintético y combustible.

Allí se juntaban unos doce mil prisioneros, fundamentalmente judíos pero también delincuentes y opositores políticos, para los que había un arbeitsausbildungslager o centro de reeducación. Todos ellos eran utilizados como mano de obra esclava, aunque la peor parte se la llevaban los primeros porque tenían que trabajar en unas minas cercanas y su esperanza de vida no superaba los cuatro meses. Los que no eran aptos para el trabajo eran trasladados a Auschwitz II-Birkenau, que se encontraba a sólo ocho kilómetros, para su exterminio.

El complejo de Auschwitz; se ve Monowitz en la parte inferior/Foto: dominio público en Wikimedia Commons

Los prisioneros de guerra británicos y de países de la Commonwealth (llegó a haber mil cuatrocientos) no estaban en el mismo Monowitz sino en un destacamento de trabajo llamado E715 y perteneciente al subcampo Stalag VIII-B, que ya había servido para ese uso en la Primera Guerra Mundial y en la Franco-Prusiana.

El régimen no era tan duro como en los campos vecinos porque no lo administraban las SS sino la Wehrmacht, pero tampoco un jardín de rosas; se sabe de un cabo que se negó a trabajar porque carecía de ropa para el frío y fue ejecutado a tiros sin más. Asimismo, los prisioneros se hacían una idea de lo que ocurría en los otros campos al oir los disparos y ver los cautivos ahorcados.

Pero podían recibir paquetes de comida de la Cruz Roja, por ejemplo, y Coward precisamente se convirtió en vertrauensmann u oficial de enlace con ese organismo, gracias a su dominio de la lengua germana, de manera que tenía cierta libertad de movimientos hasta el punto de poder salir del campo bajo vigilancia a las ciudades del entorno; así pudo descubrir los trenes que llevaban judíos a Birkenau y ponerse en contacto con algunos de ellos para suministrarles alimentos y otros artículos de forma encubierta.

Plano de monowitz con todos sus subcampos/Imagen: Heromax en Wikimedia Commons

Esa actividad, en la que colaboraron otros presos británicos, dio un paso más cuando el audaz sargento empezó a enviar mensajes codificados a Gran Bretaña en las cartas que enviaba a un tal William Orange, que en realidad era un nombre clave de la Oficina de Guerra. En ellos incluía información militar de lo que observaba, así como descripciones de las condiciones de vida de sus compañeros, las fechas y números de los trenes que transportaban judíos, la ubicación de las cámaras de gas, etc.

Parte de los datos que proporcionó eran de primera mano, pues una vez consiguió ropa de preso y pasó una noche en Monowitz para intentar llevarse consigo al E715 a un médico naval británico llamado Karel Sperber que los nazis retenían allí porque era judío. Lo que vio le disuadió para incrementar la ayuda y comenzó a sobornar a guardias de las SS con el chocolate y fármacos de la Cruz Roja para que le pasaran la ropa y documentos de los cautivos no judíos fallecidos, empleando ese material para dar a los judíos que ayudaba a escapar una identidad que pudiera mantenerlos a salvo fuera.

Se dijo que gracias a eso salvaron la vida cuatrocientas personas, aunque hoy en día se ha rebajado notablemente tal cantidad. Incluso adquirió algunos cadáveres para que suplantaran a los fugados en los recuentos tras las marchas de un lugar a otro.

Coward testificando en Nuremberg/Foto: The Jewish Chronicle

Un año después de su llegada al E715, ante el avance del Ejército Rojo, el lugar fue cerrado y los prisioneros trasladados a la sede principal del Stalag Luft VIII-B, que estaba en la actual villa de Łambinowice (Silesia), para luego, en enero de 1945, volver a moverse a través de Checoslovaquia hasta Baviera.

Tres meses más tarde el ejército estadounidense los liberó. De regreso a Londres redactó una declaración jurada con testimonio de todo que se empleó en los juicios de Nuremberg e incluso llegó a testificar en un célebre caso: la demanda que un ex-recluso, Norbert Wollheim, presentó contra IG Farben exigiendo el salario por trabajar forzosamente para ellos aquellos años y una indemnización.

Mientras se publicaban varios libros sobre sus peripecias y a pesar de que algunos cuestionaban la veracidad de su odisea, en parte por la escasez de testigos ya que casi todos aquellos a los que ayudó acabaron capturados y asesinados, Charles Joseph Coward se convirtió en el primer británico nombrado Jasidei Umot Ha-Olam (Justo Entre las Naciones), distinción que concede Israel a los héroes gentiles (no judíos) que tuvieron un comportamiento excepcional durante la Shoah.

En 2010 también fue galardonado por el gobierno británico como British Hero of the Holocaust junto a otras veintiséis personas; póstumamente, pues él había fallecido en 1976.

Coward durante la visita a Israel en 1962 para recibir su distinción/Foto: Yad Vashem

Fuentes: The Password is Courage (John Castle) / Captivity, Flight and Survival in World War II (Alan J. Levine) / Britain and the Holocaust. Remembering and Representing War and Genocide (Caroline Sharples y Olaf Jensen) / Heroes of the Holocaust. Ordinary Britons who risked their lives to make a difference (Lyn Smith).

Libro recomendado: Esta guerra es mía: La historia real del sargento Charlie Coward (John Castle)

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