Tres exploradores, naturalistas y artistas que plasmaron África en sus pinturas

Publicado hace 3 meses -


Hoy es bastante fácil aprender algo sobre África o cualquier otro lugar remoto; basta con poner la televisión o conectarse a la red para ver un documental.

Pero antaño resultaba más difícil encontrar información y más aún la visual, no sólo porque buena parte del continente negro estuvo inexplorada hasta finales del siglo XIX sino también porque los libros que publicaban los exploradores eran parcos en imágenes.

Por eso fue muy importante el trabajo de algunos de ellos que intentaron documentar con plumilla y pinceles todo lo que veían.

Aunque hubo algunos que documentaron gráficamente sus aventuras, como David Livingstone, Samuel Baker, William Baldwin, Georg Schweinfurth o Heinrich Barth, merece especial distinción -por la calidad de su trabajo- un trío de ingleses.

William Cornwallis Harris

Harris, que nació en Wittersham (Kent) en 1807, era un militar inglés, ingeniero y experto cazador, que adquirió experiencia profesional en la India trabajando para la famosa Compañía de las Indias Orientales en el primer cuarto del siglo XIX. En 1836 fue destinado a Sudáfrica para que se restableciera de unas graves fiebres.

Autorretrato de William Cornwallis Harris/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Conseguido esto, organizó un largo safari de caza de un año por el Transvaal, rebasando el punto hasta donde habían llegado los voortrekers (los emigrantes bóer que buscaban nuevas tierras), siendo testigo de su duro modo de vida y de la guerra que mantuvieron contra los matabele. Harris se hizo amigo del rey de éstos, Mzilikazi, que le facilitó medios para cruzar el río Orange y conocer zonas inexploradas hasta entonces.

Antílope sable, especie descubierta por Harris/Imagen: erroluys

Durante aquella aventura descubrió nuevas especies animales, enviando ejemplares a la Zoological Society of London y proponiendo atravesar el desierto del Kalahari, aunque al final no pudo hacerlo porque ninguna entidad se ofreció a sufragar el intento.

Por eso no pasó a la posteridad por haber aportado grandes conocimientos geográficos; lo hizo porque durante todo aquel tiempo se esforzó en plasmar en pintura todo lo que veía, incorporando esas láminas a sus libros sobre Sudáfrica (escribió tres). Sin ser un gran artista, sus obras tenían cierta gracia clásica y resultan muy útiles como documentación de la vida bóer, por ejemplo.

En 1838 tuvo que volver a la India por unos años pero en 1841 se le encargó una misión diplomática en Etiopía para negociar con el Negus un tratado comercial; fruto de ellos fueron otras dos publicaciones de carácter científico sobre el país. En 1843 le concedieron el título de sir pero aquella fiebre sufrida tiempo atrás se reprodujo y en 1848 falleció en Pune (una ciudad india), dejando viuda pero sin descendencia.

George French Angas/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

George French Angas

Otro inglés nacido en Newcastle en 1822. A raíz de un viaje comercial que realizó por Europa para el negocio familiar (y del que salió su primer libro), decidió dejar ese trabajo para dedicarse a lo que realmente le gustaba, la historia natural y el arte.

Su primer trabajo en esa nueva etapa tuvo lugar en Adelaida, Australia, a donde llegó en 1844 para unirse a la expedición que dirigía sir George Grey al interior. Después haría más viajes por la isla y alguno a la vecina Nueva Zelanda, siempre documentando toda la flora y la fauna, tanto por escrito como en pintura.

En 1846, tras una breve visita a Inglaterra, inició una nueva fase de su vida en Sudáfrica, donde pasó dos años haciendo dibujos y acuarelas de hotentotes y zulúes que publicaría en 1849 bajo el título The Kafirs Illustrated. Ese mismo año se casó con Alice Mary Moran, con la que tuvo cuatro hijas.

Mujeres zulúes (por George French Angas) /Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

La calidad de sus creaciones, especialmente notable en la anatomía de los animales, le dio prestigio suficiente como para pasar a formar parte de la plantilla del Museo Australiano de Sidney en 1853, llegando a ser su director durante varios años. Pero cuando se desató la fiebre del oro en Nueva Gales del sur, Angas cogió sus pinceles y se fue allí para plasmarlo en una serie de dibujos y litografías que publicaría luego en Sidney y Londres.

El renombre que alcanzó le permitió participar como invitado en la Exposición de París de 1855 junto a varios colegas australianos. Finalmente, en 1863 se estableció de forma definitiva en la capital británica, donde murió veintitrés años más tarde. Un antílope africano lleva hoy su nombre.

Thomas Baines

Al igual que Angas, Baines desarrolló su carrera en Australia y Sudáfrica. Natural de Lynn (Norfolk), donde nació en 1820, de joven estuvo como aprendiz de un artista, aunque se le puede considerar un autodidacta. Llegó a Ciudad del Cabo con veintidós años, trabajando como retratista y corresponsal gráfico en la guerra que los británicos mantuvieron contra los xhosa.

En 1855 se incorporó a la expedición que, bajo patrocinio de la Royal Geographical Society, mandaba Augustus Gregory por la región norte australiana; el éxito de aquel viaje fue tal que no sólo recibió calurosos elogios sino que además se bautizaron con su nombre algunos accidentes geográficos.

Autorretrato de Thomas Baines/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Tres años más tarde acompañó a David Livingstone en su ruta por el Zambeze y, por tanto, fue el primer blanco -junto a su jefe- en contemplar el majestuoso espectáculo de las Cataratas Victoria, cuyas imágenes en acuarela son hoy un verdadero clásico.

Por cierto, algunos compañeros destacaron su habilidad como cazador contando cómo en una ocasión tuvo que dejar precipitadamente su lápiz y cuaderno de dibujo para tomar la escopeta y disparar sobre una fiera que se lanzaba sobre él, tras lo cual volvió a su trabajo como si nada. Sin embargo, terminó discutiendo con Livingstone y se separaron agriamente.

La experiencia acumulada le permitió dirigir sus propias expediciones, como la que hizo por África sudoccidental entre 1861 y 1862 o la que le llevó a Rodesia en busca de oro en 1869. En la primera fue pionero en introducir una novedad que iba a cambiar las cosas para los artistas exploradores: el uso de la fotografía, que combinaba con el arte manual.

Después de algunos viajes más por el África austral, Baines falleció en Durban en 1875. Como curiosidad cabe señalar que sus grabados ilustraron el libro The Malay Archipelago, una de las obras más importantes de Alfred Russell Wallace, el naturalista que había desarrollado una teoría de la evolución similar a la de Darwin por su cuenta.

Elefantes cargando (por Thomas Baines) /Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Fuentes: Visualizing Africa in Nineteenth-Century British Travel Accounts (Leila Koivunen) / Historia de Sudáfrica (Robert Ross) / The Explorers of Australia and Their Life-Work (Ernest Favenc) / Geographers. Biobibliographical Studies (Patrick H. Armstrong y Geoffrey Marti editores) / William Cornwallis Harris (Wikipedia) y George French Angas (Wikipedia).

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