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La sorprendente teoría del origen nórdico de las obras de Homero

La sorprendente teoría del origen nórdico de las obras de Homero 8 Febrero, 2017

Licenciado en Historia y diplomado en Archivística y Biblioteconomía. Fundador y director de la revista Apuntes (2002-2005). Creador del blog El Viajero Incidental. Bloguer de viajes y turismo desde 2009 en Viajeros. Editor de La Brújula Verde. Forma parte del equipo de editores de Tylium.

La apoteosis de Homero (Ingres)/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Hay una serie de elementos arqueológicos, artísticos e históricos que representan iconográfica y culturalmente la civilización griega.

Entre ellos están la Acrópolis y otros monumentos arquitectónicos similares, la mal llamada máscara de Agamenón, el casco corintio de los hoplitas, la cerámica pintada, los Juegos Olímpicos, la democracia o la filosofía.

Si centramos la atención en la literatura está claro que Homero sería el gran protagonista, junto con los relatos mitológicos. Ahora bien, ¿y si las obras del famoso escritor no transcurrieran en realidad en la Antigua Grecia sino en el norte de Europa?

Esta es la teoría que propuso hace ya tiempo un autor italiano llamado Felice Vinci (Roma, 1946), ingeniero nuclear que en 1992 dejó su trabajo al frente de una empresa para dedicarse a lo que realmente le apasionaba: los estudios clásicos y, más concretamente, de las obras homéricas.

En su libro Omero nel Baltico. Le origini nordiche dell’Odissea e dell’Iliade (Homero en el Báltico. Los orígenes nórdicos de La Odisea y La Ilíada), publicado en 1995, Vinci planteaba algo tan atrevido como lo que indica el título: los avatares de la Guerra de Troya que cuenta la Ilíada y las mil aventuras de Odiseo (Ulises) para regresar a casa después no se desarrollaron por el Mediterráneo oriental sino por el Báltico y el Atlántico Norte.

El libro de Felice Vinci/Foto: Archeologia Italiana

Para ello, se basaba en dos factores. El primero, las incongruencias geográficas de nombres y lugares que reflejan los textos homéricos, sobre cuya ubicación no acaba de haber consenso, que ya en su momento fueron resaltados por Estrabón y que parecen adaptarse mejor a las características físicas del norte de Europa, no sólo en cuanto a localizaciones sino también en las descripciones del clima. Según Vinci, poco o nada parece identificable con el ambiente mediterráneo y al solapar los nombres norteños sobre el nuevo entorno egeo se producirían las citadas incoherencias.

El segundo factor es el hecho conocido de que aqueos y micénicos no eran originarios de Grecia sino que, dice el italiano, emigraron desde las regiones bálticas desde mediados del segundo milenio a.C. a causa de un enfriamiento climático (antes el norte era algo más caluroso), descendiendo por el río Dniéper hasta llegar al Mar Negro y trasladándose desde allí al Mar Egeo, donde se establecieron fundando la civilización micénica tal como la conocemos ahora gracias a la arqueología.

Los nombres de ésta serían los mismos que había en Escandinavia pero con una ubicación diferente. Vinci opinaba que esa hipótesis quedaba reforzada con algunos elementos significativos, como la riqueza en ámbar de algunas tumbas micénicas (el ámbar es más propio de la zona del Báltico) o algún punto geográfico concreto, como Ogigia, la isla de la ninfa Calipso, cuya localización en el Atlántico en un pasaje de De facie quae in orbe lunae apparet de Plutarco fue la que le dio la idea inicial para investigar.

Homero y su lazarillo (Bouguereau)/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Efectivamente, los aqueos se instalaron en el Peloponeso y Creta hacia el siglo XVI a.C. Eran de origen indoeuropeo y dieron lugar a dos civilizaciones especialmente relevantes, la micénica y la minoica, que terminarían por fusionarse culturalmente tras la conquista de Creta por parte de los primeros en torno al año 1400 a.C. Lo cierto es que esas cuestiones resultan bastante oscuras y sobre ellas tampoco hay acuerdo entre historiadores.

¿Eran un único pueblo o dos? ¿Procedían de los Balcanes, como se cree, o algunos habitaban ya en suelo griego? Felice Vinci rompió todos los esquemas apuntando más al norte; de hecho, recordó también que ya en el siglo XIX hubo una teoría que situaba a los indoeuropeos como procedentes del Círculo Polar Ártico y señaló que la escritura llamada Lineal B (la que usaron los micénicos entre el 1600 A.C y el 1100 a.C), un sistema ideográfico encontrado en Creta, fue la precursora de la lengua griega. Así, los aqueos habrían traído consigo de forma oral los cuentos tradicionales que constituían las sagas primigenias, transcribiéndolos varios siglos más tarde.

El libro de Vinci concreta muchas propuestas de identificación de sitios. Por ejemplo en La Ilíada, donde Troya sería la finlandesa Toija, de la que se han hallado ruinas de la Edad del Bronce; Tebas, la sueca Täby; Micenas, Copenhague; Ítaca, la isla danesa de Lyø, en el archipiélago de Fionia del Sur (en el que también habría otras correspondencias insulares, como Dulichium con Langeland, Cefalonia con Ærø y Zakyntos con Tåsinge), donde el dolmen de Klokkesten equivaldría a la Piedra del Cuervo que cita La Odisea.

Asimismo, el nombre latino de Finlandia, Aeningia, podría traducirse como Tierra de Eneas mientras que el Helesponto se amoldaría más al Golfo de Finlandia que a los Dardanelos por la anchura que cita Homero; por cierto, recuerda cacofónicamente al pueblo nórdico de los helespontos, que mencionaba en la Edad Media el cronista Sajón Gramático en los dieciséis volúmenes de su historia danesa Gesta Danorum.

Localización nórdica de los lugares homéricos propuesta por Vinci / foto collialbani.it

También en La Odisea identifica lugares. Así, Ogigia estaría en las Islas Feroe; Eea, la isla de Circe, junto con los dominios de Caribdis y Escila, corresponderían al archipiélago de Lofoten, donde es asimilable el fenómeno del Maelstrom (un gran remolino típico de la zona); Esqueria (donde Odiseo conoce a Nausicaa), en las cercanías de Bergen (allí han aparecido restos de la Edad Bronce y la presencia de un fiordo explicaría por qué el personaje observa al mar adentrarse en un río en vez de al revés); Eolia, la isla de Eolo, algún lugar de las Shetland (Eolo era señor de los vientos y ese archipiélago del norte de Escocia esta normalmente batido por fuertes ventiscas).

Dicho de otra manera, el largo vagar de Odiseo de regreso a su casa se habría desarrollado por la región atlántica que hay entre el norte de las Islas Británicas y la costa de Noruega.

Pero el libro del italiano va más allá de Homero, extendiéndose a otras narraciones clásicas griegas. Por ejemplo, la descripción que Platón hace de Atenas en su obra Critias habla de una localización llana y fértil para Atenas, lo que lleva a Vinci a proponer una alternativa báltica: la ciudad sueca de Karlskona, en cuyas inmediaciones hay además un pueblo llamado Lyckeby que podría ser el equivalente al monte Licabeto. Asimismo, la Cólquida de los argonatutas sería el punto de partida del recuerdo de un periplo que circunnavegó Escandinavia de oeste a este, terminando en Eea (o sea, en Lofoten).

El caso es que las descripciones geográficas que hablan de paisajes verdes, así como las alusiones a una meterología frecuentemente desapacible, con constantes nieblas y tormentas, le parecen a Vinci otros indicios en los que apoyar ciertos pasajes. Así, el gran enfrentamiento entre aqueos y troyanos que Homero sitúa al mediodía pero en dos momentos diferentes de una misma jornada, se explicaría con el fenómeno del sol de medianoche, que uniría dos días en uno. También serviría para entender por qué en un momento de La Odisea su protagonista es incapaz de determinar por dónde nace el astro rey y por dónde se pone.

Ulises y las sirenas (Draper)/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

En un alarde de voluntarismo, Felice Vinci también ve similitudes culturales entre aqueos y nórdicos: desde los barcos (con mástil desmontable, remos y doble roda a proa y popa que permite bogar en ambas direcciones sin virar) a la figura del bardo narrador (el aedo griego y el escaldo vikingo), pasando por determinadas figuras mitológicas (Zeus=Wotan, Afrodita=Freya, Ares=Thor, keres=valkirias) y hasta el propio Odiseo, parecido al arquero Ull que narra una saga islandesa.

Por supuesto, la mayor parte de los historiadores rechazan de plano todo esto argumentando que no hay registro arqueológico que lo pruebe, que los topónimos homéricos habrían experimentado profundos cambios con el paso del tiempo, que los parecidos cacofónicos de algunos nombres desaparecen al trasladarse filológicamente a otra lengua y, lo más importante, que Homero no escribió crónicas históricas sino obras de creación. Aún así, a Vinci no le faltan apoyos que demandan profundizar en el estudio de su hipòtesis. Entretanto, su libro se va traduciendo a múltiples idiomas… todos del norte de Europa.

Fuentes: The Baltic Origins of Homer’s Epic Tales. The Iliad, the Odyssey and the Migration of Myth (Felice Vinci) / La Odisea (Homero) / La Ilíada (Homero) / Critias (Platón) / Wikipedia.

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