Samuel y Florence Baker, un matrimonio en busca de las fuentes del Nilo

Publicado hace 1 semana -


La búsqueda de las fuentes del Nilo constituyó una de las motivaciones más importantes del siglo XIX para geógrafos, exploradores y aventureros en general, y gracias a ella se fue esclareciendo la hasta entonces misteriosa y desconocida parte central de África.

Aunque el descubrimiento de dichas fuentes correspondió a la expedición de John Hanning Speke y Richard Burton, fueron varios los que aportaron su grano de arena para ir dando forma al mapa del continente negro y entre los más importantes -también de los más olvidados- figura el insólito matrimonio Baker.

Samuel Baker, nacido en 1821, era un londinense hijo de una acaudalada familia propietaria de una naviera y con negocios en el comercio azucarero y la banca. Consecuentemente, recibió una esmerada educación en diversas escuelas privadas hasta licenciarse en Ingeniería Civil, profesión que le llevó a Rumanía para diseñar diversas obras públicas.

Poco después, en 1843, se casaba con la ilustre Henrietta Ann Bidgood Martin, que le dio siete hijos. El matrimonio se estableció primero en Isla Mauricio y después en Ceilán, donde permaneció doce años regentando una próspera hacienda agrícola y ganadera. Fue una época feliz y tranquila para Samuel, que se convirtió en un experto cazador e incluso publicó un par de libros, uno de tema cinegético y otro de viajes por aquellas latitudes.

Esa felicidad se acabó en 1855, cuando la fiebre tifoidea mató a Henrietta y dos de sus hijos. Deprimido, tomó la resolución de abandonar aquel lugar, dejando a sus vástagos a cargo de su hermana, e inició la que sería una vida nómada y aventurera, de acá para allá. La primera parada fue Rumanía otra vez, donde supervisó el trazado de una línea ferroviaria para conectar el Danubio con el Mar Negro. Luego viajó por los Balcanes, Turquía y Europa Central en compañía de un amigo de caza, el maharajá Duleep Singh. Con él llegó a Vidin, una ciudad de la actual Bulgaria, entonces parte del Imperio Otomano, donde tendría lugar un encuentro trascendental.

Samuel Baker con trofeos de caza/Foto: Abekr Sudan

Y es que, visitando el mercado de esclavos, Samuel se enamoró a primera vista de una joven blanca y rubia, puesta a la venta. Se cuenta que rivalizó en la puja por ella con el pachá local y, ante la imposibilidad de superar la oferta económica de éste, sobornó a sus vigilantes y huyó con ella subrepticiamente; probablemente la realidad fuera que Samuel simplemente la compró, pero aquella romántica historia de amor y rescate encantó a la sociedad victoriana.

El caso es que lo que contaba la esclava era digno de una novela rocambolesca: se llamaba Florenz, nació en Transilvania entre 1841 y 1845, y se había quedado huérfana a los catorce años, cuando la revolución del 48 acabó con sus padres, huyendo con su nodriza hacia territorio turco donde terminó adoptada por una familia armenia hasta que fue secuestrada y vendida a un traficante.

Florence Baker en 1875/Foto: dominio público en Wikimedia Commons

Los dos enamorados se escondieron en Bucarest, donde el cónsul británico expidió para ella un pasaporte a nombre de Florence Barbara Maria Finnian, quien resultó ser una personalidad fascinante: hablaba varios idiomas, sabía montar y mostraba una resolución poco común en las féminas de su tiempo. Por eso se convirtió en un pilar fundamental para Samuel, negándose a quedarse en casa esperándole y, por contra, acompañándole en casi todos sus viajes. Porque a partir de ese momento iban a viajar mucho: llegaba la llamada de África.

El continente negro no era territorio virgen para la familia Baker, ya que el hermano menor de Samuel, Valentine, era un militar profesional que se había hecho un nombre en El Cabo (también en la Guerra de Crimea y la del Sudán) y se le conocía por el apodo de Baker Pachá. A Samuel también se le abrió un futuro africano cuando en 1861 partió hacia el lago Victoria en apoyo de la expedición de Speke y Grant, que a su vez intentaba demostrar que dicho lago era la fuente principal. Se trataba de cuestión muy controvertida porque Richard Burton, el anterior compañero de Speke, lo ponía en tela de juicio al no haber circundado éste todo el contorno del lago.

Los Baker no llegaron a la región desde Zanzíbar, como era habitual, sino descendiendo por Egipto, Sudán y Etiopía, lo que les dio tiempo para aprender la lengua árabe y explorar el Nilo Blanco, que se junta con el Azul en Jartum. Luego encontraron en Gondokoro a Speke y Grant, quienes retornaban por el río asegurando haber confirmado situar sus fuentes en el lago Victoria a través de las cataratas Ripponpero que informaron a la pareja de que se comentaba la existencia de otro lago en la región que también podría verter sus aguas en el gran río. Se referían al Nyanza, que Baker rebautizó como Alberto al avistarlo en 1864.

Efectivamente, esa masa lacustre era una estación de paso del curso fluvial del Nilo, aunque aportaba a su caudal mucho menor porcentaje del que calculó el explorador. También allí descubrió una inaudita catarata, formada por un extrecho paso del río de sólo seis metros que hacía dicurrir el agua a una enorme potencia, y a la que puso el nombre del presidente de la Royal Geographical Society, sir Roderick Murchinson. Fue en ese entorno donde, tras haber superado hasta entonces ataques indígenas, fiebres palúdicas y lluvias inacababales, la pareja estuvo a punto de perecer cuando un hipopótamo volcó su canoa y casi se convierte en inesperado banquete para los cocodrilos.

Los Baker con Speke y Grant/Imagen: Encyclopaedia Britannica

Inglaterra acogió triunfalmente el regreso de Samuel Baker, que publicó varios exitosos libros sobre su viaje y descubrimientos. Le nombraron sir, colmándole de honores pero dejando en segundo plano a su intrépida esposa, pese a que había corrido los mismos peligros y sufrido iguales privaciones que él. De hecho, fue ella la que involuntariamente provocó que el explorador, aún en la cima de su popularidad, nunca recibiera tanta atención como otros colegas.

Y es que él llevaba su amor con mucha discreción por respeto a sus hijos (incluso Speke evitó nombrarla al contar su encuentro con ambos, seguramente a petición de Samuel), pero como la reina Victoria, con su rígida moralidad puritana, no veía con buenos ojos su convivencia como pareja de hecho (sin contar el lastre de su hermano Valentine, protagonista de un escándalo sexual) y, pese al intento de intermediación del futuro Eduardo VII (que había entablado amistad con Samuel), nunca quiso recibirles, ambos decidieron regularizar su situación casándose el 4 de noviembre de 1865.

En 1869, tras una estancia de Samuel invitado a la inauguración del Canal de Suez y a la que acudió acompañado del príncipe de Gales para dedicarse a cazar cocodrilos, los Baker hicieron el petate otra vez y se fueron a Egipto, donde el jédive Ismail había puesto a Samuel, con el cargo de pachá (una especie de gobernador o general), al frente de una expedición militar que debía perseguir a los traficantes de esclavos entre Gondokoro y Ecuatoria, preparando así la zona para su colonización efectiva.

La columna estaba formada por mil setecientos soldados y entró en combate varias veces; en Bunyoro fueron derrotados y Florence, que por supuesto continuaba al lado de su marido ocupándose de las tareas sanitarias, participó en la lucha recargándole las armas; al fin y al cabo, su remango era bien conocido y fue de las pocas mujeres exploradoras de su tiempo que en campaña prescindió de los incómodos ropajes femeninos para vestir igual que los hombres. Aquella arriesgada aventura duró cuatro años y luego regresaron a El Cairo, siendo Samuel sustituido por el general Charles George Gordon sin imaginar que tiempo después tendría que encabezar una nueva misión para intentar ayudarle cuando quedó cercado en Jartum por los derviches de la rebelión mahdista.

Baker Pachá/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Antes, volvió a publicar una obra relatando su experiencia y durante los años siguientes viajó con su esposa por medio mundo, desde Escocia hasta Japón, pasando por India, Chipre, EEUU y otros sitios, siempre cazando compulsivamente, escribiendo y pintando acuarelas. Finalmente, en 1874, cuando los años empezaron a pasar factura, el matrimonio se estableció en Inglaterra.

Samuel falleció el 30 de diciembre de 1893, dicen que murmurando “Flooey, ¿cómo es posible que te abandone?”. Ése era el diminutivo con que la solía llamar, aunque probablemente le gustase más el de Anyadwé (Hija de la Luna) que le pusieron los nativos ugandeses por su rubia cabellera. Florence le sobrevivió veintitrés años y al morir fue enterrada a su lado.

Fuentes: El misterio del Nilo Blanco (Alan Moorehead).
Egypt’s African Empire. Samuel Baker, Charles Gordon & the Creation of Equatoria (Alice Moore-Harell) / Las reinas de África: Viajeras y exploradoras por el continente negro (Cristina Morató) / Explorers of the Nile: The Triumph and Tragedy of a Great Victorian Adventure (Tim Jeal) / Wikipedia.

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