Bent’s Old Fort, el primer fuerte permanente del Oeste norteamericano

Publicado hace 4 meses -


Si hay un juguete que figure con frecuencia en las cartas a los Reyes Magos es el clásico fuerte del Far-West, con su empalizada de troncos, su edificio principal, su bandera en el centro, su cactus y sus soldados de caballería movidos por las manos de los niños defendiéndolo con imaginación de posibles ataques indios.

Nombres como Fort Apache, Fort Laramie o Fort Bravo nos resultan familiares, tengan mayor o menor fundamento histórico; pero uno que sí fue real y además importantísimo en aquellos tiempos pioneros del joven país estadounidense fue Bent’s Old Fort.

Esa importancia se debió a su estratégica ubicación en el condado de Otero, al sureste de Colorado, un punto neurálgico, idóneo como estación de paso de lo que se conocía como el Camino de Santa Fe: un itinerario comercial que atravesaba las Montañas Rocosas y las llanuras del centro enlazando las ciudades de Independence (Misouri) y Santa Fe (Nuevo México) siguiendo la ruta abierta dos siglos y medio antes por los españoles Vázquez de Coronado y Pedro Vial (que en realidad era francés pero estaba al servicio de la corona hispana), aunque ellos habían recorrido el territorio de oeste a este, desde Santa Fe del Yunque hasta San Luis de Illinues.

En el primer tercio del siglo XIX era un lugar de paso obligado para cazadores, exploradores, tramperos y comerciantes; también para los indios, por supuesto y, de hecho, la región caía de lleno en la Comanchería, es decir, el territorio de los comanches, que evidentemente no veían con buenos ojos aquel allanamiento y si antes se habían enfrentado ferozmente a los españoles ahora hacían lo mismo con los otros blancos, exigiendo el pago de un tributo por entrar en sus dominios. Por supuesto, los blancos tampoco entendían por qué debían pagar por pasar por zonas salvajes y el conflicto estaba servido.

Mapa del Santa Fe Trail con la ubicación del fuerte/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

El fuerte nació de la iniciativa de una pequeña compañía llamada Bent-Saint Vrain Company, integrada por tres socios: los hermanos Bent (William, Charles, George y Robert) y Cerain Saint Vrain, que estaban interesados en establecer un comercio de pieles (sobre todo de búfalo) con los cheyennes. ¿Por qué esta tribu? Porque William no sólo se llevaba bien con la mayoría de los indios sino que incluso estaba casado con una representante de ese pueblo: Mujer Búho, hija del jefe Trueno Blanco.

En consecuencia, Bent fue aceptado por los demás cheyennes y vivió con ellos (le llamaban Pequeño Hombre Blanco) como mano derecha de su líder, logrando que firmaran la paz con los pawnee. Los lazos familiares se estrecharían más cuando Bent, que ya había aprendido la lengua cheyenne, contrajo matrimonio también con sus cuñadas, Mujer Amarilla e Isla; con todas ellas tuvo un total de cinco hijos y aún seguiría su carrera nupcial más adelante con Adaline Harvey, hija de un comerciante de pieles amigo suyo, con la que tuvo un sexto hijo antes de fallecer en 1869.

William Bent/Foto: dominio público en Wikimedia Coomons

Pero antes, en 1833, tuvo la idea de construir un fuerte permanente (habían erigido otros antes pero temporales) que sirviera para hospedar, aprovisionar y refugiar a las caravanas, al ejército y a viajeros en general que se movieran por aquellas difíciles tierras del sur de Cheyenne y las llanuras Arapaho; el Gran Albergue, lo llamaban popularmente.

Célebres exploradores como John Fremont pasaron por allí y algunos incluso trabajaron para Bent, como Kit Carson. Las descripciones que se conservan de Bent’s Old Fort hablan de un recinto de adobe de unos 55 metros de largo por 41 de ancho, con muros de 4,5 metros de altura por 1,2 de grosor dotados de aperturas para disparar mosquetes. Tenía bastiones hexagonales con cañones en dos de sus esquinas y grandes puertas de gruesa madera.

Interior del fuerte/Foto: HHHistory

Se empezó a levantar en 1828 y tardó cinco años en terminarse, no sólo por las dificultades de abastecimiento sino por el poco tiempo disponible que se podía dedicar a las obras. Pero una vez estuvo listo se convirtió en un sitio de referencia porque contaba con muchas instalaciones, desde alojamientos para dos centenares de personas a tiendas, pasando por herrería, un enorme corral, venta de caballos y mulas, un área para guardar las carretas a salvo y hasta una sala de juegos con billar.

Indios de múltiples tribus (cheyennes, comanches, kiowas, apaches…) acampaban en los alrededores para comerciar, dejando patente un éxito que permitió a la compañía abrir otros dos fuertes, Fort Saint Vrain (en el condado de Weld) y Fort Adobe (en Texas), además de varios comercios en Taos y Santa Fe.

Plano de la planta baja del fuerte/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Aquella boyante etapa duró dieciséis años. En 1849 cambió radicalmente el panorama cuando una terrible epidemia de cólera, contagiada probablemente por una caravana que hacía la ruta de Oregón, azotó el sur de Cheyenne matando a la mitad de los indios pero cebándose también en la población de Westport, el principal puerto para transporte fluvial de mercancías, que en 1853 sería rebautizado como Kansas City.

El comercio decayó y el golpe de gracia lo recibió en Santa Fe con la guerra méxico-estadounidense, que, además, se cobró dos años antes la vida de Charles Bent durante una rebelión india que azuzaron los mexicanos en Taos, Nuevo México, donde era gobernador. Su hermano William, que durante el conflicto ejerció de coronel, decidió recoger y trasladarse a Fort Saint Vrain, intentando vender Bent’s Old Fort al ejército de Estados Unidos; como no lo consiguió se supone que optó por llevarse todo lo que pudo y dinamitarlo, aunque otra teoría dice que ya lo habían incendiado los indios tras acabar con sus defensores.

Habitaciones de hospedaje/Foto: Billy Hathorn en Wikimedia Commons

Bent abrió un nuevo fuerte en Big Timbers, más cerca del territorio cheyenne de invierno. Se llamó Bent’s New Fort y estuvo activo hasta 1860, cuando se lo arrendó al gobierno, que le cambió el nombre por Fort Wise y le dio uso militar; al año siguiente se convirtió en el escenario de la firma del tratado homónimo con los indios, aunque también acabaría abandonado.

En 1960 toda el área del antiguo fuerte fue declarada Monumento Nacional y puesta bajo la protección del National Park Service. Lo realmente interesante es que en 1976 se excavaron las ruinas de Bent’s Old Fort y, después de que los arqueólogos confirmaran su autenticidad, se procedió a realizar una minuciosa y detallista reconstrucción usando documentación escrita y gráfica de la época, abriéndose al público como un atractivo turístico más del Santa Fe National Historic Trail.

Fuentes: Bent’s Old Fort / Ritual Ground. Bent’s Old Fort, World Formation, and the Annexation of the Southwest (Douglas C. Comer)v/ Expedition to the Southwest: An 1845 Reconnaissance of Colorado, New Mexico, Texas and Oklahoma (James William Albert) / Wikipedia.

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