¿Quién atendía a los enfermos y enterraba a los muertos de Peste Negra en la Edad Media?

Publicado hace 5 meses -


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El mundo de las instituciones religiosas es más complejo de lo que parece a simple vista. Para un profano todo se reduce a clero regular (el que se rige por una regla monástica) y clero secular (sacerdotes y diáconos independientes), pero luego cada uno se va subdiviendo en varios tipos de instituciones. Por ejemplo, hay dos tipos de instituciones religiosas: órdenes y congregaciones; estas últimas pueden ser clericales o laicales. Vamos a quedarnos con las laicales en este artículo para centrar la atención en una concreta, la de los Hermanos Celitas o Alexianos, porque su ocupación era tan específica como curiosa.

Los miembros de las congregaciones laicales no pronunciaban votos solemnes sino simples, de manera que no eran sacerdotes. Normalmente centraban su actividad en la enseñanza y la catequesis, o bien en los cuidados a sectores desfavorecidos como huérfanos, enfermos pobres y presidiarios. En el caso de los Hermanos Celitas, el objeto de sus servicios eran los enfermos más extremos que había antaño, aquellos cuyo contacto podía significar la muerte: los afectados por enfermedades contagiosas y muy especialmente la Peste.

Conviene ponerse en situación y tener en cuenta que siglos atrás, cuando se desataba una pandemia, poco se podía hacer más que aislar a los afectados esperando que remitiera por sí misma, a menudo porque el índice de mortalidad era tan elevado que se interrumpía o dificultaba la cadena de infección. De esta manera, los moribundos eran obligados a enclaustrarse en sus casas o eran expulsados fuera del perímetro urbano, dándolos por desahuciados sin recibir atención.

En ese sentido, la llamada Muerte Negra supuso uno de los momentos críticos de la historia medieval europea. Identificada hoy con la peste bubónica que causaba la bacteria Yersinia pestis y se propagaba a través de la picadura de las pulgas que tenían las ratas, apareció en occidente en el siglo XIV, más concretamente en Italia, merced a las rutas comerciales que venían de China. Su máxima gravedad se produjo a lo largo de casi dos décadas entre 1346 y 1361, provocando al menos la muerte de un tercio de la población (aunque algunos autores suben el porcentaje a dos tercios), lo que en números redondos significaría de cincuenta a ochenta millones de cadáveres.

Difusión de la Peste Negra. Imagen: Encyclopaedia Britannica
Difusión de la Peste Negra. Imagen: Encyclopaedia Britannica

Una cantidad impresionante que deja patente un grave problema: deshacerse de esos cuerpos en un contexto en el que casi nadie quería acercarse a ellos, algo aún peor cuando se trataba de enfermos vivos. En ese contexto se crearon algunas órdenes o institiciones religiosas -por entonces era la fe la que catalizaba la ayuda al prójimo y las labores benéficas- destinadas a atender la cuestión.

Por ejemplo, la Hermandad de la Caridad de Toledo, como indica su nombre, a partir del siglo XI fundó numerosos hospitales desde los que desarrollaba una intensa actividad en favor del prójimo sin medios, tales como atención médica, alimentación de hambrientos, mantenimiento de huérfanos y viudas, pago de rescate de prisioneros, etc. Era bastante paradójico que la mayoría de sus integrantes procedieran de noble cuna.

Una de las actividades de dicha hermandad era compartida con la citada de los celitas y consistía en hacerse cargo del entierro de fallecidos en circunstancias poco comunes, tales como ahogados sin identidad, ejecutados, asesinados expósitos, enfermos sin medios, etc. O sea, todos aquellos que, por lo que fuera, no podían ser inhumados normalmente.

Asimismo, se ocupaban también de algo tan importante por entonces como decir misas por sus almas; a priori puede parecer intrascendente pero, cuestiones espirituales al margen, el caso es que dichos oficios -al igual que las labores de enterramiento- había que pagarlos y a eso dedicaban parte de las limosnas que recaudaban.

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Los celitas, palabra que deriva del latín cella (en alusión a las celdas o pequeños habitáculos donde vivían), también conocidos como alexianos (por su patrono, San Alejo) o medaños (por su fundador, Meccio), se vieron oficializados en un proceso que empezó en 1460 y concluyó en 1476 firmado por Sixto IV, si bien existían de facto desde al menos un siglo antes, como una rama de los begardos (la versión masculina de las célebres beguinas).

Aunque eran laicos se regían por la regla agustiniana y dieron sus primeros pasos en Brabante (Flandes), extendiéndose por centroeuropa. Debido a los himnos que cantaban en los funerales, solía confundírseles con los lolardos y otros herejes, razón por la cual el papa Gregorio XI tuvo que dictar normas para protegerlos.

Actualmente aún existe la Hermandad Celita, aunque circunscrita a Alemania, Bélgica, Reino Unido y Estados Unidos. Muchos de sus miembros tienen profesiones relacionadas con la sanidad y trabajan en los hospitales que gestionan sin ánimo de lucro, donde ya no hay enfermos de peste pero sí han surgido otros males contemporáneos (SIDA, alcoholismo, drogadicción, enfermedades psiquiátricas, demencia senil, carencia de hogar…) que confieren a los pacientes ese estatus marginal que tradicionalmente ha requerido su atención.

Fuentes: Real Hermandad y Cofradía del Señor de la Caridad / The Alexian Brothers / Wikipedia

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