Fuerte Derawar, la imponente fortaleza en medio del desierto pakistaní

Publicado hace 12 meses -


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Al este de Pakistán, a unos 30 kilómetros de Bahawalpur, se extiende el Desierto de Cholistán, un territorio hoy árido e inhóspito que ocupa unos 16.000 kilómetros cuadrados fronterizos con India. No siempre fue así, pues antiguamente recorría la región el río Hakra y la zona era prolífica en cultivos y pastos. Pero todo cambió hacia el año 600 a.C., cuando el río se secó, ya que la mayoría de sus afluentes fueron desviados para irrigar el Ganges y el Indo, y todo el territorio fue desertificándose progresivamente.

Todo el lugar está plagado de yacimientos arqueológicos pertenecientes a la cultura del valle del Indo, que se desarrolló entre el 3300 y el 1300 a.C. Hasta 300 yacimientos han sido hallados e investigados. Y también de fuertes y fortalezas posteriores, hasta 11 se distribuyen por todo el desierto.

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Pero el más impresionante de todos es sin duda el de Derawar, que además contiene el único pozo de agua perenne de todo el desierto de Cholistán, el cual en la época de las lluvias forma un pequeño lago. El estado de conservación del recinto, de unos 1.500 metros de perímetro, es bueno, con todas sus murallas intactas e incluso custodiado por soldados en la actualidad. Sin embargo el interior está casi completamente destruído.

Allí se encuentran las tumbas de los Emires de Bahawalpur, decoradas con atractivos azulejos esmaltados que ponen una nota de color en el paisaje ocre. Sus 40 torres de ladrillo rojo, que alcanzan los 30 metros de altura, son visibles desde muchos kilómetros de distancia.

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El Fuerte Derawar fue construído en el siglo IX por Rai Jajja Bhutta y permaneció en poder de los maharajás de la familia india Jaisalmer hasta su captura por los nawabs musulmanes de Bahawalpur en 1733.

Los materiales para su construcción tuvieron que ser transportados desde una distancia de más de 60 kilómetros. Para ello se formó una línea humana que cubría toda esa distancia, desde Uch Sharif hasta Derawar, y los ladrillos fueron pasando de mano en mano hasta su destino final.

La visita es complicada, por la dificultad de llegar hasta el lugar y porque se requiere un permiso especial expedido por sus propietarios desde el siglo XIX, la famiía real Abassí. Aun así merece la pena contemplar uno de los más impresionantes ejemplos de arquitectura militar medieval de la zona.

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