Cruceros fluviales navegando petit comite

El modelo de viaje en crucero tiene, probablemente, tantos entusiasmados seguidores como radicales detractores. Ahora bien, incluso entre estos últimos hay quienes estarían dispuestos a transigir, estableciendo diferencias según el tipo. Así, muchos de los que jamás estarían dispuestos a pasar una semana de puerto en puerto a bordo de un buque, se lo pensarían si en lugar de navegar por el mar el trayecto fuera por un río, es decir, por una región más o menos limitada.

Por eso de un tiempo a esta parte es habitual encontrar catálogos de cruceros fluviales en las agencias, que anuncian rutas con motonaves que rara vez superan la capacidad de dos centenares de pasajeros. Son barcos pequeños y alargados, de un par de puentes como mucho, con un equipamiento menor que el de los grandes navíos pero suficiente para satisfacer a sus pasajeros, que al fin y al cabo buscan un concepto diferente de crucero. Por eso también suelen ser más caros.

Los más populares son los cruceros por el Nilo, que generalmente recorren Egipto longitudinalmente, realizando el trayecto entre Luxor y Assuán (o a la inversa) y constituyen ya un clásico para todo el que visita el país. Pero actualmente ya se pueden encontrar itinerarios por muchos más sitios, siendo especialmente abundantes los de los países de Europa del Norte y del Este, dado que allí se encuentran los ríos más caudalosos y largos, idóneos para navegar: el Rin, el Danubio, el Volga, el Dniéper…

¿Compañías? Scylla, Luftner Cruises, CrosiEurope, Chervona Ruta, Orhodox… Pero ojo, que esa zona no tiene la exclusiva. Otros cauces fluviales más modestos, como el Sena, el Ródano, el Garona, el Mosela o nuestros Duero y Guadalquivir, también tienen ofertas de este tipo. Y si nos salimos del continente tampoco faltan opciones, siendo buenos ejemplos el mencionado Nilo o el Mekong, que permite descubrir cómodamente las maravillas de Camboya y Vietnam.

En cuanto al día a día, el desarrollo es similar a los grandes cruceros: en general, durante el día se visita la ciudad de escala y de noche se navega, no faltando cenas temáticas basadas en la gastronomía local y fiesta posterior. Parte del personal habla o chapurrea bastante español para que nadie se sienta desamparado y los camarotes son como habitaciones de lujo de un hotel.

Dadas las dimensiones reducidas de los barcos, no hay teatro ni casino ni ninguna de las atracciones típicas de las grandes embarcaciones; si acaso piscina, sauna, jacuzzi, gimnasio y espectáculos. A cambio se puede disfrutar de singladuras mucho más tranquilas, casi en familia; ello proporciona la ventaja de no necesitar traslados desde el puerto al centro-ciudad de cada sitio, con lo que se ahorra mucho tiempo y dinero.

Una opción, pues, para quien desee probar la experiencia de un crucero en petit comité, alejado de la masificación de los que se hacen por mar.

Fotos: CroisiEurope

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