El sorprendente arte de Florentijn Hofman

Sorprendente arte Florentijn Hofman

No sé si han oído hablar de Florentijn Hofman. Es un artista holandés cuyas obras escultóricas son fácilmente reconocibles por tres razones. La primera, que suelen ser de gran tamaño; la segunda, derivada de la anterior, que se ubican al aire libre, en calles, plazas y parques de manera que le dan todo el sentido a la expresión arte urbano; y la tercera…. bueno, no hay más que echar un vistazo a la foto para hacerse una idea.

Hofman es reclamado continuamente por los ayuntamientos para dar a su entorno urbano un toque de originalidad y color. Y a fe que lo consigue; las fotos de su web les dejarán boquiabiertos. Con bastante sentido del humor, la inspiración del antiguo pop y un toque kistch, muchos pueblos y ciudades atraen al turismo gracias a obras como el patito de goma flotante que echó al agua en Osaka en 2009, el oso con almohada de Amsterdam en 2011 o el conejo amarillo gigante que plantó en una plaza de Suecia ese mismo año.

Desenfadado, atrevido, sorprendente y bastante provocador, este peculiar artista no se conforma con concebir estos seres gigantes sino que los construye con materiales insólitos. El oso mencionado era de hormigón pero también hizo una rana hinchable para la ciudad japonesa de Kobe y en 2010 fabricó para la feria de arte y diseño Pixel Show de Sao Paulo un enorme mono tumbado -en la misma postura que el conejo, por cierto- que estaba confeccionado con miles de chanclas. En otra ocasión hizo un descomunal castor de paja, etc.

Su última creación, el pasado mes de septiembre, fueron esas babosas multicromáticas que parecen arrastrarse pesadamente por la pendiente escalonada que lleva hasta la Catedral de la ciudad francesa de Angers. Al igual que en casos anteriores, Hofman hizo primero una estructura interior (en este caso de acero, en otros de madera, según) que luego recubrió con simples bolsas de plástico.

Según dice, sus babosas simbolizan la corrupción, la decadencia y el consumismo.