U.S.S. Nautilus, primer submarino atómico

USS Nautilus primner submarino atómico

Si hablamos del Nautilus todo el mundo deducirá que nos referimos al submarino con forma de animal marino que Julio Verne ideó para el capitán Nemo. Pero si lo hacemos en el contexto cronológico la cosa cambia. Y es que mañana es 21 de enero y tal día pero de 1954 fue botada una nave revolucionaria que cambió los conceptos de la guerra naval.

Se trataba del U.S.S. Nautilus, el primer submarino de propulsión atómica, el pionero de un programa impulsado por el presidente Truman y dirigido por el almirante Hyman G. Rickover. Construido por General Dynamics en Connecticut siguiendo el diseño del ingeniero John Burhman, medía 97,5 metros de eslora y 8,5 de manga, pesaba 3.000 toneladas y estaba armado con 6 tubos lanzatorpedos.

Pero lo más asombroso era su autonomía: 140.000 kilómetros, con capacidad para pasar varias semanas sumergido, gracias al reactor refrigerado con agua que le instaló Westinghouse Electric. Se habían terminado las limitaciones de este tipo de naves y para el futuro se presentaba un posible escenario bélico totalmente diferente. De hecho, ya son legendarios los juegos del gato y el ratón entre submarinos rusos y estadounidenses en el Mar del Norte.

Por cierto, la URSS tardó cinco años en tener su propio modelo nuclear pero como se adelantó en la carrera espacial lanzando el primer satélite, el Sputnik, el presidente Eisenhower dio el visto bueno inmediato a la propuesta que había sobre la mesa para el Nautilus: atravesar sumergido el casquete de hielo del Polo Norte. En efecto, el submarino fue el primero en hacer ese viaje y así se combatió una propaganda con otra. Era el 3 de agosto de 1958.

Lo cierto es que las cosas no sólo cambiaban en términos tecnológicos sino también humanos. Para los 92 marineros y 13 oficiales que formaban la tripulación aquella nave era casi como un hotel de lujo comparada con las antiguas unidades de la flota, pequeñas, angostas, con cada centímetro dedicado a una utilidad. Por contra, en el nuevo barco había aire acondicionado e incluso una sala de ocio para ver películas o jugar a las cartas. Por eso el sobrenombre que le pusieron fue Lola, sacado de la canción Lola puede conseguirlo todo.

En 1980, tras su vida activa, el Nautilus fue retirado. Pero conscientes de su valor sentimental, las autoridades de EEUU no lo desguazaron como harían en España sino que lo sometieron a obras de reforma y adaptación para conservarlo como museo. Catalogado como Lugar Histórico, hoy está anclado en la Base Naval de Submarinos de New London (Groton, Connecticut) junto a la Biblioteca Submarina y un museo de la Submarine Force. Lo visitan 250.000 personas al año, que pueden ver casi todos sus rincones salvo los de popa, por la radiación.

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