El safari más famoso de la historia y los parques nacionales de África

Publicado hace 7 años - 3


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En 2010 se celebra el Año de la Biodiversidad, y con mucha seguridad una de las medidas que se impulsarán será la creación de nuevos Parques Nacionales en muchos lugares del mundo, con el fin de proteger a las especies amenazadas. Al hilo de esta cuestión Fred Pearce ha publicado hace algunas semanas un interesante artículo en el que plantea una cuestión espinosa: que el modelo de Parques Nacionales, ideado en los Estados Unidos a principios del siglo XX, no está funcionando en otros lugares como África, donde las necesidades de la población entran en conflicto con el acotamiento de grandes reservas naturales. De hecho, parece ser que los parques africanos están fallando en su principal cometido, la protección de los animales, y el número de especies se reduce cada vez más. Pearce se pregunta si no sería mejor un modelo en el que humanos y animales pudieran convivir de manera simbiótica. Una idea interesante pero que resulta ciertamente dificil de llevar a la práctica.

En su artículo menciona un dato interesante, que es el que más nos ha llamado la atención, y que da título a este post. El padre de los Parques Naturales norteamericanos, de Yosemite y de Yellowstone entre los más famosos, fue el presidente Theodore Roosevelt. Curiosamente la exportación de ese modelo al continente africano comenzó como resultado de un safari que, ya siendo ex-presidente realizó en 1909, y que está considerado como el más grande y más famoso safari de la historia. Durante su periplo por África Oriental, el Congo Belga y el Nilo, la expedición de 250 hombres abatió hasta 1.100 piezas, incluyendo más de 500 grandes mamíferos (incluyendo 17 leones, 11 elefantes y 20 rinocerontes). La colección más grande y notable que nadie se ha llevado nunca de África. Otros aportan otras cifras (una lista completa está publicada en Facebook).

(En el video podemos ver un fragmento de aquel viaje de Roosevelt, filmado por Cherry Kearton, en el que además se pueden ver las primeras imágenes filmadas de Zulúes en su hábitat nativo de la historia.)

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(En la foto el taxidermista de Roosevelt en plena faena. La foto pertenece a la colección del Smithsonian.)

Pocos años más tarde algunos de los participantes en dicho safari, toda una orgía de caza salvaje, se convirtieron en los fundadores de los parques que hoy en día cubren buena parte del continente africano. Hoy nos parece una paradoja, pero por aquel entonces caza y conservación eran términos estrechamente asociados. Para ellos, conservar aquellos paraísos semidesiertos, donde los animales salvajes campaban a sus anchas, significaba conservar y proteger intacta la esencia y el espíritu de África. El problema es que no sabían que las cosas no siempre habían sido así.

La historia comienza con una expedición italiana al Cuerno de África en 1887. Sus componentes, viajeros impenitentes, llevaban un fatal pasajero con ellos. Un virus procedente de las estepas de Asia central que provocaba una enfermedad: la peste bovina. El virus se extendió con rapidez por Eritrea y Etiopía, el Valle del Rift y el Sahel. Los británicos se apresuraron a levantar una alambrada de más de mil kilómetros de extensión para evitar que el ganado infectado cruzase a sus dominios. Todo fue en vano. La pandemia que produjo fue la mayor calamidad sufrida nunca por el continente africano. Nunca antes en la historia se había visto tanto ganado muerto, tanto que para finales de siglo había muerto casi la totalidad del ganado africano. Las consecuencias para la población fueron terribles. Sin ganado llegaron el hambre y las enfermedades para los humanos. Los cadáveres contaminaban los acuíferos, y el tifus y el cólera hicieron su aparición. Se estima que entre 1888 y 1892 la población de Etiopía se redujo en un tercio, muchos millones de personas. En el África oriental dos tercios de la población Masai desapareció. El folklore masai recuerda que “había tantos cadaveres que los buitres se olvidaron de volar”. África nunca se recuperó de aquella hecatombe. De este modo se crearon grandes extensiones de terreno donde apenas existía población, y donde los animales salvajes (una vez desaparecido el ganado) campaban a sus anchas. Esos lugares eran el Serengeti, Tsavo, y todos los demás sitios que hoy son Parques acotados. Lugares que los creadores de los Parques Nacionales pensaron que siempre habían sido tal y como se los habían encontrado. La historia era muy diferente.

Fuentes

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