Música inteligente y vodevilesca

Trata de decir las cosas de manera que el lector sienta siempre que en el fondo es tanto o más inteligente que tú. De vez en cuando procura que efectivamente lo sea; pero para lograr eso tendrás que ser más inteligente que él

Augusto Monterroso, Decálogo del Buen Escritor

En la era de las descargas masivas de música a través de Internet donde con una conexión a la red se puede acceder a un ingente fondo musical que ni Borges pudo imaginar cuando fabuló aquella Biblioteca de Babel en la que estaban todos los libros posibles, nunca tanta gente tuvo la posibilidad económica y material de escuchar tanta música.

Así que con el paso del tiempo resulta cada vez más difícil crear algo que no sólo otros no hayan hecho ya, sino que mucha gente no haya escuchado en algún momento de sus vidas. Al menos si de lo que se trata es de crear obras con una cierta intencionalidad estética. En definitiva, ser capaz de crear obras dirigidas a un público más o menos cultivado musicalmente, que se ???sienta inteligente??? al escucharles, pero a la vez consiguiendo ser más inteligente que él, como nos enseña Monterroso.

No tengo muy claro que algunos lo consigan (dejando al margen su éxito comercial, porque esa es otra cuestión), como Arctic Monkeys, Clap Your Hands Say Yeah o Franz Ferdinand. Seguramente buscan un público amplio, pero ???inteligente???. El problema es que cada vez una parte más importante de ese público seguramente ya conoce la nueva ola británica (The Smiths, Gang On Four, Joy Division) y la neoyorquina (Talking Heads, Television) en la que tanto se basan, pero que no logran trascender. Desde luego, su empeño es difícil, pero no imposible. Por ejemplo, Mäximo Park y The Arcade Fire sí que lo consiguen.

Hace poco he leído en una conocida revista musical un comentario acerca de la existencia de una cierta corriente dentro de la música pop de nuestros días que el autor denomina pop ???vodevilesco???, y que se alejaría tanto del indie como del pop mainstream. En esta categoría podrían incluir a gente como Davendra Banhart, Rufus Wainwright, Sufjan Stevens o Antony and The Johnsons.

En este sentido, durante los últimos meses hemos escuchado discos que van de lo muy apreciable (Cripple Crow de Davendra Banhart o Want Two de Rufus Wainwright) a lo absolutamente extraordinario (Illinois, de Sufjan Stevens), pasando por lo magnífico (The Greatest, de Cat Power) o lo excelente (I???m A Bird Now, de Antony & The Johnsons), títulos todos ellos inscribibles, en mayor o menor medida, dentro de esa corriente vodevilesca.

En el caso de los discos de Banhart y Cat Power, ambos manejan referencias fácilmente reconocibles (el folk psicodélico y el southern soul respectivamente) y con influencias evidentes (la Incredible String Band y Al Green: de hecho, la Marshall ha contado con colaboradores habituales de Green y de Booker T. & The MG???s en la grabación del disco), pero lo cierto es que funcionan. Quizás no sea muy difícil conseguirlo, pero desde luego ambos ??? sobre todo Cat Power – logran ser mucho más inteligentes que yo.