¿Por qué va a intentar una mujer durante 18 meses hacerse pasar por un hombre, vistiéndose como un hombre, comportándose como un hombre y alternando la compañÃa de otros hombres?
Muchos dirán que por inconsciencia, otros dirán que por vicio y otros que por equivocación, pero Norah Vincent, una neoyorquina de treintaytantos años lo ha hecho para escribir un libro, Self-made Man: One Woman’s Journey into Manhood and Back, en el que partiendo de su experiencia como mujer convertida en hombre trata de descubrir las claves ocultas del género masculino, la identidad del varón.
Vaya por delante que no abunda en los detalles fÃsicos o escabrosos (a pesar de que reconoce que se compró un pene de plástico en un sex shop al que le puso incluso un mote, Sloppy Joe) ni se trata de un transexual o un transformista ni tampoco escarba en los encuentros sexuales, aunque sà que llega a acostarse con una mujer que le cree en su rol de hombre.
La autora desea llegar a la psique masculina y comprender el porqué de su comportamiento, desea adoptar el rol del macho-alfa no desde una posición sexual sino mental. Su homosexualidad le lleva a observar al hombre desde fuera, no le lleva a desearle sino a admirar su posición de privilegio y de fuerza, su condición de eje de la existencia. Y por eso se disfraza de hombre y va a jugar con otros hombres a los bolos, a hablar con curas y a entablar negocios y salir a ligar.
El libro está siendo un éxito en Estados Unidos e Inglaterra, pero por un hecho que va más allá del morbo del lector voyeur, por el carácter emocional del mismo: cómo llega a comprender la raÃz de la existencia masculina, como acaba detestando el estereotipo metrosexual y más el ultimÃsimo ubersexual, como huye del modelo de hombre vendido por las revistas y las marcas de cosmética y acaba identificándose con el tipo calvo, gordo, peludo, descuidado, trabajador y protector.
Acaba llegando a una conclusión sobre la masculinidad:
Ese fue el último giro de mi aventura: pasé como hombre no porque mi disfraz fuese bueno sino porque todo el mundo de los hombres es un disfraz. De repente me di cuenta que mi disfraz era lo que tenÃa en común con los hombres. Es duro ser un hombre
Ya lo decÃa James Brown, y nada sin una mujer, añadÃa.


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